A veces da la sensación estar navegando en el interior de una delicada taza
También en Zúrich, la relación con el agua es un propósito de vida. Allí, es posible visitar los ríos Sihl y Limago. Este último desemboca en el lago de Zúrich, en los alrededores de la sede del ayuntamiento.
Corredores peatonales, puentes que cruzan el cauce uniendo la ciudad a cada orilla, parques, playas, embarcaderos: un completo panorama que permite disfrutar de las corrientes que estructuran la ciudad.
En verano estos lugares son concurridos. Se ven cuerpos que corren, apurados, con esa actitud concentrada del entrenamiento cotidiano. Algunos patinan, moviendo armónicamente las piernas en un deslizar gracioso. O los hay más innovadores, que ostentan sus dotes de malabaristas sobre patinetas o monociclos.
La mayoría circulan en bicicletas, algunos de paseo, otros con el semblante circunspecto del que trae a cuestas las preocupaciones del día.
En general, el uso de la bicicleta es extendido en esta capital, y se lleva a cabo mediante una sincronización justa, muy Suiza se podría decir, pues no median en ella ningún tipo de barreras, agentes, u otros componentes más allá de la concentración de conductores, ciclistas y peatones; y de un estricto cumplimiento de las preeminencias: primero los peatones, después los ciclistas y por último los vehículos motorizados.
Foto por: Martha Alzate.
Las redes de ciclovías están demarcadas en el suelo, y en las intersecciones (todas a nivel) se respetan los pasos de acuerdo a la indicación de las luces de los semáforos. En las grandes avenidas circulan los ciclistas por su zona delimitada con pintura en el asfalto, al borde del andén, a la derecha de los vehículos particulares.
Es posible ver autobuses detrás de una o varias bicicletas, si así lo exigen las condiciones de la vía. O un vehículo de grandes proporciones, sobrepasado tranquilamente por los ciclistas.
La velocidad controlada es, en gran parte, clave del éxito en la vinculación de los diferentes modos de transporte. Incluso, en algunas zonas, las bicicletas circulan también por los andenes, o ingresan a las áreas destinadas a los tranvías. Todo se lleva a cabo en perfecta concordancia y sin mayores sobresaltos.
Apenas si pueden oírse esporádicos toques de campana, que anuncian a los distraídos transeúntes la solicitud de paso de los ciclistas.
Pero, volvamos al lago. En sus proximidades, grupos familiares toman el sol tendidos sobre las praderas de los espacios públicos que lo rodean, o se reúnen entre amigos, departiendo divertidos mientras se beben una o varias botellas de vino.
Foto por: Martha Alzate.
Se puede observar a diligentes madres con sus pequeños hijos que apenas dan los primeros pasos, acompañando su descenso hacia las aguas del lago, bajo la mirada atenta de algunas abuelas.
En un paseo en bote por el lago, se logra tener una visión de conjunto de la ciudad.
A veces da la sensación estar navegando en el interior de una delicada taza, grabada en las orillas por las diferentes construcciones. La que se observa no es una decoración homogénea ni densa, más bien es arbórea: los espacios blancos en el tatuaje simulado serían los tupidos bosques, que en buena medida ocultan la urbanización.
Sigamos con esa idea. Navegamos en el líquido oscilante de la taza que puede ser la ciudad de Zürich. Al bajar por sus orillas e internarse en el decorado de las paredes de porcelana que contienen las aguas, se empiezan a advertir detalladamente los barrios que hacen parte del dibujo, ocultos desde la superficie acuática por la espesa vegetación.
Una sorpresa acompaña al visitante que no imaginó ver tantas edificaciones en las riveras, que antes distinguía apenas como bloques esparcidos de paisaje entreverado.
Foto por: Martha Alzate.
Los edificios se suceden de las costas a las colinas, en una calculada gradación de las alturas, de tal manera que desde todas partes es posible tener vistas al lago.
Las fachadas se repiten sin llegar a ser iguales. Es una sensación de homogeneidad más que una similitud en sí misma. Este efecto puede obedecer a la estandarización del urbanismo, que sin duda aporta armonía a todo el conjunto. En esta ciudad, la arquitectura no compite ni releva de su posición de privilegio a la naturaleza: más bien se deja subyugar por ésta y se somete a sus lógicas preexistentes.
En el tope de una de las muchas elevaciones, se puede visitar un antiguo hotel, el Gran Hotel Dolder de Zúrich. La construcción de la colina fue concebida como complemento a otra de igual propósito, ubicada en cercanías al lago, para proveer a los huéspedes, además de la oportunidad de acceder a la visual que domina el horizonte y da una perspectiva de todo el conglomerado, de diversos atractivos: canchas de tenis, un campo de golf, entre otros.
Para llegar a él, es necesario tomar el funicular, que primero fue levantado como parte del conjunto hotelero, y hoy ha sido incorporado al sistema de transportes públicos de la ciudad, prestando el servicio no solo a los visitantes que se alojan o quieren visitar el hospedaje, sino a los habitantes de los diferentes barrios que pueblan el ascenso.
Según el relato de nuestro guía, la propuesta estética, de carácter ecléctico, de este inmueble no fue de buen recibo por parte de los habitantes de Zúrich. No obstante, el hotel pasó a ser parte de los alojamientos predilectos de figuras internacionales del mundo de los negocios, la política, entre otros. Muchos huéspedes ilustres escogieron este lugar para pasar sus días en la ciudad.
Foto por: Martha Alzate.
La historia del hotel es una bella metáfora que permite darse una idea de los rasgos principales de esta sociedad.
Después de una época de esplendor, el alojamiento entró en declive. La familia propietaria del establecimiento no deseaba invertir en su renovación y el conjunto se puso en venta. Muchas cadenas hoteleras internacionales quisieron invertir allí, pero se abstuvieron de hacerlo porque no era posible realizar las intervenciones que éstas consideraban pertinentes, debido a las rigurosas normas urbanísticas. Así, no fue posible encontrar ningún inversionista que se decidiera a emprender su actualización.
Entonces, un acaudalado empresario suizo decidió comprarlo, renovarlo, y entregarlo a la ciudad para que ésta lo operara, en virtud del gran valor simbólico que la construcción, a su juicio, tenía para la ciudad. Para ello, contrató al renombrado arquitecto británico Norman Foster, quien planteó una intervención que pretendía combinar el antiguo edificio con construcciones de carácter contemporáneo.
Sería posible rematar este comentario sobre Zúrich diciendo: ¡Eso solo pasa en Suiza! Y es que, muchas de las lógicas de esta sociedad son incomprensibles para nuestras mentes, instauradas en los agites tropicales de la supervivencia y las disputas continuas.
En este país, para nuestro asombro y admiración, es posible constatar situaciones que solo suceden aquí, de una manera particularmente precisa y rigurosa. Tratando de pensarlo mejor, medito en el hecho de que, en el fondo de todo lo que acontece, se encuentra el eco de las manecillas del reloj: Suiza, por momentos, se percibe tan exacta como el movimiento de los motores de su fina relojería.
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A propósito de las fiestas de la Cosecha y del festival gastronómico que todos las años se lleva a cabo en la ciudad de Pereira, este año, aparte de los múltiples sabores del pacífico, Antioquia, y el caribe colombiano, se expondrán muestras de comida peruana, italiana, japonesa, española, norteamericana y del mediterráneo.
Sí, una combinación de sabores, una mezcla de identidades, si así lo podemos llamar, que se presta para muchas interpretaciones política o no políticamente correctas de nuestro territorio y sus tradiciones. Así entonces, surge la pregunta si acaso el filósofo Inmmanuel Kant en su texto “¿Qué es la ilustración?” definiría que, ¿lo político no es justo? Y por lo tanto, ¿tampoco es personal?.
En fin, queda la salvedad que desde la literatura, la escritura creativa y el trabajo científico se puede aliviar el exceso teórico y los ladrillos argumentativos.
Foto por: Diego Val.
Una combinación de estas cosas (tradición, literatura y región) las encontramos en el libro “Lo Secreto” (2018) impreso en Klepsidra Editores, y escrito por Hugo Oquendo-Torres. Un hombre de baja estatura, que usa lentes de montura gruesa, siempre sonriente y cuyo cabello liso, quizá herencia de ese sincretismo, nos lleva a identificar su clara fisionomía, propia de su terruño.
Este escritor realizó estudios de Teología en la Universidad Bíblica Latinoamericana de San José de Costa Rica y actualmente es candidato a Magister en literatura por la Universidad Tecnológica de Pereira. Es oriundo del municipio de Chigorodó-Antioquia, un lugar que colinda con Riosucio, Choiba y otros pueblos de la región y que como muchos otros en el territorio colombiano fue atropellado históricamente por la violencia en la década de los 80’s, cuando el narcotráfico de Pablo Escobar y el paramilitarismo rondaba por las veredas y la vida nacional.
Así entonces, con varias experiencias a cuestas y con una maestría escritural, Hugo Oquendo-Torres, se da a la tarea de mostrar esa realidad histórica de la violencia en su pueblo y la de muchos otros lugares. Gente ultrajada por el devenir político del país, que por una u otra razón fueron obligados a dejar sus tierras ancestrales. Tierras que cultivaban con esmero y dedicación, como única posesión en sus vidas.
Historias que el autor nos ha querido contar por medio de subtítulos como: “La piel de tigre” y “Domingo en la Pesebrera”. Este último relato que trata sobre un indígena asesinado por un campesino en Chigorodó, en una de las cantinas del pueblo llamada “La pesebrera”. Hecho que demuestra -o el autor nos lo plantea así-que ser campesino significa un delito y un mal augurio, pues tras el territorio de ellos, siempre hay focos de poder hambrientos de tierra, que defienden sus intereses económicos de la mano de los paramilitares, quienes a su vez desplazan forzosamente a la población.
Foto por: Diego Val.
Paralelamente, otro título dentro de “Lo Secreto” como “Déjà Vu”, cuenta la historia de hombres y mujeres negras cercanas al río Truandó cerca a Riosucio, Antioquia, un brazo delgado del imponente río Atrato, adornado pintorescamente con palafitos construidos a orillas de su corriente. Un escrito que contempla la relación del agua y estas comunidades como parte fundamental de sus concepciones ancestrales.
La narrativa de este libro conecta a la vez con la historia de Juan Felipe, quien constantemente sueña con el territorio de Riosucio en vísperas de su pronta muerte como consecuencia de un cáncer pancreático que ya le hizo metástasis. Desde allí, desde la comodidad de la ciudad de Medellín Felipe, un antropólogo cuya edad se nos escapa, vive con su novia Sofía, una chica de la ciudad metropolitana que conoció en una de las clases de antropología que impartía en algún lugar.
Felipe, el protagonista, sueña que está en la selva, que observa algo y además lo olfatea. Si unieramos esta historia con otra como la de Emilio Manyoma, nos daríamos cuenta que a él algo lo observa y lo olfatea durante las semanas que salía de pesca y cacería entre el río y las tierra de su localidad. Un buen relato de ficción que sin caer en grandilocuencia, manifiesta una riqueza imaginativa, aunque en algunos momentos se puede atisbar uno que otro cliché y su escritura padece de construcción figurativa en términos literarios. Es decir, para pasar de la semántica al sentido, es como si el autor nos comentara que la corrección política no va de la mano con lo literario.
Algo maravilloso para finalizar es que en cada línea narrativa de cada una de estas historias hay alabaos hay Jaibanás, hay campesinos, Imamapurrú Kincha (lenguaje de los Embera kincha) que significa “pensamiento de jaguar” y que igual que el libro, es una construcción de historias de libertad apresadas entre las vidas en guerra y la guerra de las vidas de sus personajes.
Como parte del especial Pereira en sus 155 años, La Cebra que Habla presenta esta galería del prisma social que nos caracteriza como ciudad. Personas nacidas en la Perla del Otún, otras adoptadas por esta ciudad sin puertas, y otras que ha llegado para quedarse y buscar un destino en estos lares. Mestizos, negros, criollos, blancos, indios, todos somos ciudad, todos somos Pereira.
Todo eso sucedió el pasado miércoles en el corazón de quienes amamos la biblioteca de esta ciudad
–Buenas ¿Aquí se reclaman las boletas para el concierto de los RollingStones?– fue la pregunta que sorprendió a los funcionarios de la Biblioteca Pública la semana pasada.
–Se refiere a las boletas de Los Rolling Ruanas, corregían los funcionarios en su desconcierto.
–La misma cosa da, esos que anunciaron por la radio.
Suena insólito y a la vez gracioso que algunos pereiranos pudieran llegar a creer que la legendaria banda londinense se presentara en nuestro modesto Santiago Londoño, pero en el fondo este disparate tiene su lógica y no sólo está relacionada con que el grupo bogotano, parodie sus canciones y remede la mitad de su nombre, sino con algo que a todos los que asistimos al concierto nos quedó claro, la noche del 22 de agosto y fue que el rock británico que se canta en un inglés estilizado, tiene la misma raíz campesina y rebelde que nuestra música carranguera.
Así es, el rock and roll no es otra cosa que la mezcla entre el blues de los negros sureños de los Estados Unidos y la música country de los blancos rurales. La misma cosa da, como dijo la señora extraviada pero sensata.
Foto por: Erin Donaldson.
Por eso no fue raro escuchar “Satisfaction” de Mick Jagger, inmediatamente después de “Al son que me toquen bailo” o “Paint it black” después de “Sangre Caliente”. La misma cosa dio la noche del pasado miércoles de agosto, donde aprendimos que nosotros, los montañeros tecnicolor de ruana y tiple, estamos tan lejos pero tan cerca del Londres psicodélico, de Europa, del viejo mundo y de la alta cultura.
A la larga es el mismo perro con diferente guasca. Pero eso no lo hubiéramos podido entender si el pasado miércoles 22 no hubiéramos vivido una experiencia de lectura. Ese fue el regalo de la Biblioteca Pública en su octogésimo aniversario, pues Carolina Toro, su directora, siempre ha querido entender la lectura desde un sentido más amplio que no se encasille únicamente en las barreras de un objeto físico, o un lugar determinado, sino que trascienda en una zona de abierta rebeldía que cautive espíritus libres y curiosos.
Comprender que el mundo se puede leer también a través de la música, la cultura popular, las tradiciones ancestrales y los formatos audiovisuales, es un paso muy grande que ha dado la nueva administración de la biblioteca pública de Pereira.
Su apuesta por la apropiación de la historia local maravilló a los asistentes del teatro con un video pedagógico que reconstruye el episodio de Don Clotario Sánchez, el primer bibliotecario de la aldea de Cañarte, quien a finales del siglo XIX ya alquilaba libros en las inmediaciones de la plaza de los mangos.
Foto por: Erin Donaldson.
También nos explicó el video, que nuestra biblioteca se llama así en homenaje a la donación de los libros que los hijos de Ramón Correa Mejía, realizaron al municipio al fallecer su padre. Vimos con asombro y ternura la imagen de la nieta de Ramón Correa, Lucía Correa, recorriendo las actuales instalaciones y rememorando las vivencias literarias de su familia.
Ella, heredera de la vena lectora de su abuelo y de la pasión periodística de su padre, Emilio Correa, a pesar de su avanzada edad, hizo presencia en el auditorio, quizás, me atrevo a pensar, animada por la deseo de ver cara a cara, los rostros de todos los pereiranos que se han beneficiado de la filantrópica idea que tuvo un día su familia, de compartir el conocimiento con los demás.
A su familia muchas gracias, porque por más que lo intuyan o lo hayan intuido, sé que no se alcanzaron a imaginar la herencia espiritual que nos dejaron.
Todo eso sucedió el pasado miércoles en el corazón de quienes amamos la biblioteca de esta ciudad, quienes de una u otra manera nos sentimos albaceas de ese legado, que hoy es más inmaterial que material y que se ha fortalecido gracias a las actividades y acciones que día a día emprenden con entusiasmo quienes tienen el privilegio de trabajar allí.
19850131. FOTOS EDICION 1000 DE EL DIARIO DEL OTUN. COMPETENCIA ATLETICA EL DIARIO.
Poema
Por los 33 años de la muerte del poeta Luis Carlos González Mejía (falleció el 17 de agosto de 1985). Publicamos este poema llamado ¿Raza? Pereira Ayer y Hoy en sus 155 años.
Foto extraída de: Libro de Oro de Pereira. Imagen e Historia.
Este año los colombianos vamos a ir a las urnas para dar nuestro voto a favor de la Consulta Popular Anticorrupción, para así, derrotar a los corruptos y someter a la clase política al control de la ciudadanía. El trabajo ya está hecho, ahora la ciudadanía debe ir a las urnas. ¡Prepárate! invita a tu familia y amigos a alistar la cédula para ir votar #SíAlaConsultaAnticorrupción
El domingo 26 de Agosto de 2018 es el día en que saldremos a las urnas a votar por la Consulta Anticorrupción. Debes marcar una “X” en el cuadrado del Sí, en cada una de las preguntas. #7VecesSí
Ten en cuenta:
1- No habrá periodo de inscripción de cédulas.
2- Se vota en el mismo puesto de votación donde se sufrago la última vez. Están habilitados para votar 36 millones de colombianos.
4-El tarjetón (en la parte inferior de esta entrada podrá verlo) está la pregunta de cada mandato anticorrupción por separado. Los ciudadanos podrán marcar Sí o No en cada pregunta, según su libre criterio.
5-Para que los siete mandatos anticorrupción se aprueben, debe votar mínimo el 33% del censo electoral, es decir, más de 12,5 millones de colombianos.
6- Más de la mitad de ellos (mínimo 6.3 millones) deben votar Sí a cada mandato para que sean aprobados y obligatorios.
Me atrevo a plantear para re-pensar la historia de las mujeres en Pereira en clave de lo político.
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1- Al tratar de hacer un recorrido histórico acerca del rol de las mujeres en la política en Pereira y Risaralda, considero que es más pertinente poder dar cuenta de una serie de “nudos históricos” o “campos históricos problemáticos” –como dice Pierre Rosanvallón-, que nos permitan hacer visibles las distintas formas en las que las mujeres han participado de manera significativa en el ámbito político y desde distintas vertientes partidistas o ideológicas –ya sea de manera crítica, emancipatoria, autónoma, insertas en los mecanismos de los partidos políticos tradicionales o emergentes, en cargos de representación política, en instancias burocráticas o administrativas, o en espacios alternos-, en lugar de intentar hacer un largo y pormenorizado listado de fechas y nombres de mujeres que han participado activamente en la política local o regional.
Sin desconocer que es necesario dar cuenta de una historia de mujeres con nombres propios, también se corre el riesgo de excluir voluntaria e involuntariamente los nombres de algunas personas.
En este mismo sentido, me parece necesario ubicar ciertos contextos y procesos históricos que se han dado a lo largo del siglo XX hasta nuestros días, en los que de manera progresiva las mujeres empezaron a ocupar un lugar significativo en ciertos ámbitos de la vida pública de la ciudad, superando una serie de obstáculos jurídicos, de estigmas socio-culturales y de restricciones morales.
Considero que esta puede ser una forma de seguir el rastro de diversas formas de sociabilidades, de resistencias y de repertorios discursivos que han orientado la dinámica organizacional de las mujeres y el paulatino empoderamiento de las mujeres como sujetos políticos, entendido en términos kantianos de “una mayoría de edad”, lo que significa atreverse a pensar por sí misma, generando una visión crítica o alternativa de diversos ámbitos de lo social o lo político en los que las mujeres intervienen.
En consecuencia, tratar de hacer visible la presencia de las mujeres en diversos contextos de la historia es un hecho político de por sí, es una forma de superar esa zona opaca en la que se pierde el sentido de sus diversas prácticas sociales, de correr una serie de pesados velos morales, para describir las difíciles y complejas formas en que han asumido las mujeres sus propias condiciones de vida. Podríamos asumir esta historia de “la política en tacones” como una forma de interpretar recorridos por un laberinto bastante complejo que deben realizar las mujeres cuando han franqueado los muros del hogar y de la moral dominante, y que aún sigue en procura de conquistar espacios y de alcanzar su propia narrativa histórica.
Foto extraída de: Pereira Antigua. Facebook.
Asumo este ejercicio con ciertas reservas de género, pero que me atrevo a plantear para re-pensar la historia de las mujeres en Pereira en clave de lo político, en medio de múltiples transiciones que no van en un solo sentido, y en medio del resurgimiento de las denominadas “nuevas subjetividades políticas”.
Habría que añadir que en este ejercicio de plantear una nueva narrativa acerca del rol político de la mujer, se conjugan constantemente la relación de un espacio de experiencia –o de un pasado que se actualiza constantemente en el presente– con nuevos horizontes de expectativas, en el que los futuros “por venir” conforman un cúmulo de posibilidades que retroalimentan las acciones en el presente. También habría que aclarar que en esta forma de resignificar lo político y lo histórico como político no se asume de manera mecánica la vieja fórmula de Ciceron quien acuñó el término Historia Magistra vitae est, es decir, la historia como un recipiente ejemplarizante de donde se pueden tomar lecciones que orienten el futuro.
En este caso, la forma de pensar la historia se vuelve más problemática, ya que es necesario hacer que la historia vuelva sobre sus propios pliegues para hallar vacíos, contradicciones, silencios y exclusiones.
En este caso, la historia tradicional es nuevamente confrontada tanto en función de su legitimidad como de su utilidad, lo que implica que cualquier intento de explicación histórica se juega en dos terrenos: el de su rigor y fiabilidad histórica, como en el de la función social de la historia –“¿para qué sirve la historia?”–, como muy bien señala Carlos Pereyra. Y en esta medida las nuevas corrientes historiográficas debaten sobre sus métodos tradicionales y sobre la necesidad de que nuevos sujetos y actores sociales sean incluidos en las explicaciones históricas.
Hay una demanda constante desde el presente por revisar los ocultamientos, las sutiles formas de dominación sobre las que se fundamentan los poderes hegemónicos. En medio de diversas mutaciones epistemológicas, la disciplina histórica es requerida y cuestionada frecuentemente desde las diversas demandas por el reconocimiento, de las que hablan autores como Axel Honneth y Charles Taylor, como parte de una teoría crítica de las nuevas luchas sociales y el multiculturalismo.
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2-Si intentáramos rastrear la presencia y la visibilidad de las mujeres en la Historiografía de Pereira, tendríamos que evidenciar –con mucho pesar– los grandes vacíos y el enorme desconocimiento que hay acerca de su activo y significativo rol como constructora de ciudad. Es muy destacado que el gran historiador local, Hugo Ángel Jaramillo, solo al final del segundo tomo de su gran obra “Pereira: historia de un grupo étnico”, dedicara un par de párrafos para destacar sucintamente el papel fundamental que ha jugado la mujer como timonel de las gestas cívicas que han caracterizado la historia urbana de Pereira. Hugo Ángel dice que “algunas han prestado su concurso para el fomento de obras de caridad (…), otras han entregados sus mejores capacidades al celo cívico, a la cultura, bazares, convites, etc”.
Es evidente que Hugo Ángel hace referencia a las mujeres que eran parte de las familias más prestantes de la ciudad, las cuales a su vez hacían parte de los cuadros de honor de la Sociedad de Mejoras de Pereira, quienes lograron -por su posición de elite- crear sus propias formas de organización femenina, de intensificar sus prácticas de sociabilidad cívica y, al mismo tiempo, de generar una conciencia femenina de su rol en la sociedad y de la importancia del celo cívico y de la moral pública conservadora como parte de los procesos de modernización que vivía Pereira durante la primer mitad del siglo XX.
Se debe dejar constancia que a pesar de no contar con la ciudadanía política que les permitiera ejercer el derecho al voto, estas mujeres –esposas, hijas, madres y hermanas de los prestantes miembros de las organizaciones cívicas de la ciudad– asumían con gran responsabilidad y entusiasmo este rol femenino que estaba muy a tono con los ideales civilizadores de la época en todo el país, que buscaban armonizar el progreso material con el progreso espiritual, y que defendían el lema de las organizaciones cívicas de toda el país de “más administración y menos política” –o de menos sectarismos partidistas que habían conducido al país a un sinnúmero de guerras civiles durante el siglo XIX–.
Foto extraída de: Pereira Antigua. Facebook.
No obstante, es necesario señalar además del vacío historiográfico o del poco interés por los estudios acerca de la mujer, el hecho de que lo poco que se conoce hace referencia a mujeres de cierta posición social, invisibilizando a otras mujeres de otras capas o sectores de menor rango social, como las obreras, las escogedoras de café, las empleadas de servicio, etc., o mujeres de un mayor nivel educativo, pero que no han sido objeto de un estudio más sistemático, como es el caso de educadoras como María Tejada o Carlota Sánchez.
También se suele hablar mucho de la presencia en la ciudad de la recordada líder socialista María Cano, en compañía de Ignacio Torres Giraldo, quien vivió buena parte de sus años de adolescencia y juventud en Pereira y quien fue fundador del Partido Socialista Revolucionario en compañía de Cano, Raúl Eduardo Mahecha y Tomás Uribe Márquez, pero no hay un estudio que permita tener clara la forma en que muchas otras mujeres acogieron los ideales políticos de la izquierda naciente en Colombia entre las décadas de los años 20 y 30 del siglo XX.
Se genera, en este caso, una doble invisibilización. Se constata el hecho de que las mujeres estuvieron siempre presentes en muchos capítulos de la historia de la ciudad, pero no siempre fueron visibles ni para los contemporáneos ni para los historiadores posteriores. ¿Cómo podemos salir de este olvido, de este vacío y de este reiterado silencio?
Quizás habría que empezar por acudir a la información de los censos. Por ejemplo, Antonio García Nossa, en su Geografía Económica de Caldas, del año 1937, señala que la población urbana en el entonces Gran Caldas era de 100 hombres por cada 110 mujeres. En el censo de 1938 se registraron 16.373 mujeres y 14.389 hombres. En el censo de 1951 se puede observar que mientras en la cabecera de Pereira vivían 35.870 hombres y 40.392, en la zona rural la relación era inversamente proporcional, ya que los hombres eran mayoría con 21.642 personas y las mujeres eran apenas 17.438.
Es evidente que muchas mujeres, de diversa condición social, económica y educativa, decidieron darle un rumbo diferente a sus vidas, dejando las precarias condiciones de vida en el campo, para atreverse a forjar sus propias vidas, sus propios sueños, en las grandes urbes y ciudades intermedias. He aquí, en medio de las diferentes historias de vida, quizás una primera forma de emancipación femenina. Muchas llegaron como obreras de las incipientes fábricas de tejidos, de cervezas, de gaseosas o como escogedoras de café. Otras lograron emplearse como recepcionistas o mecanógrafas, otras como empleadas de servicio internas en casas de familia de clase alta y media, y muchas otras lo hicieron en la prostitución.
Sabemos un poco acerca de la huelga de las escogedoras de café de Pereira del año 1935, en protesta por las largas jornadas laborales y los reclamos por un alza salarial, a partir del trabajo del ya fallecido profesor Carlos Arnulfo Escobar. Un trabajo de tesis de Maestría en Historia de Jenny Xiomara Tamayo permite dimensionar lo que podríamos llamar un feminismo incipiente a partir de la promulgación de la Ley 28 de 1932, que permitió que las mujeres casadas de todo el país pudieran manejar de manera autónoma su patrimonio personal, sin estar supeditadas a los designios de su esposo.
De igual manera, se muestra el importante logro que constituyó la expedición del Decreto 1972 de 1933, durante el gobierno del presidente liberal Enrique Olaya Herrera, a partir del cual se aprobó el ingreso de las mujeres a la educación superior. Sabemos por algunos estudios realizados sobre El Diario de Pereira, de propiedad de Emilio Correa Uribe, acerca de la manera tan activa como participaron algunas mujeres de la ciudad –tanto de la elite como obreras– en los comités femeninos que recaudaron dinero a través de diferentes actividades públicas para apoyar las candidaturas de Olaya Herrera, López Pumarejo y Eduardo Santos, durante la denominada República Liberal –entre 1930 y 1946–.
La pregunta en este caso es poder averiguar cómo fue el nivel de movilización y de activismo político de las mujeres para respaldar estas medidas, en años posteriores la movilización por el voto femenino y otro tipo de revindicaciones sociales, económicas, educativas y culturales. Aún hay muchos vacíos por llenar en materia de este reconocimiento histórico, que asumimos que es clave en función de su reconocimiento político, incluso en años más recientes.
Foto extraída de: colectivoacademico.com.co
Destaco el trabajo realizado por la profesora Morelia Pabón Patiño, sobre la presencia de las mujeres en la Universidad Tecnológica de Pereira, a partir del año 1961, tanto como estudiantes en una universidad ingenieril y machista, y luego como docentes que venciendo una serie obstáculos –o paredes de cristal– lograron dejar su impronta tanto en el ámbito académico como en el de la participación política en el Sindicato de ASPU. Este texto no busca sellar ninguna visión reconciliadora con la historia, ya que el tono crítico del estudio, con base en una juiciosa recopilación de estadísticas y de historia oral, muestra como persisten en el presente una serie de inequidades frente a las mujeres, a pesar de estar inmersos en un ámbito profesional más pluralista e incluyente, como se supone que debe ser la UTP.
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3-No se puede desconocer que muchas mujeres han participado en la política local y han dado el salto a la política regional y nacional, al lado de personajes como Camilo Mejía Duque, Oscar Vélez Marulanda, Jaime Robledo Salazar, Emiliano Isaza Henao, César Gaviria Trujillo. Han oficiado tanto dentro del bipartidismo tradicional como en la izquierda, entre el oficialismo y el faccionalismo. Han sido elegidas como Alcaldesas de la ciudad (Martha Elena Bedoya) y Gobernadoras de Risaralda –antes y después de la elección popular– (Dora Luz Campo de Botero –quien fue vetada del cargo, por Monseñor Darío Castrillón, en 1975, por estar casada por lo civil–, María Isabel Mejía Marulanda, quien también se destacó por su importante trayectoria parlamentaria, Amparo Lucía Vega Montoya, y Elsa Gladys Cifuentes). Han ocupado importantes cargos dentro de los despachos de la administración departamental y municipal, lo mismo como Ediles municipales y diputadas de la Asamblea Departamental, y congresistas. No obstante, también se han visto inmersas en varias ocasiones por señalamientos por corrupción política.
Son fuente de integración como de división, de búsqueda de consensos como expresión del radicalismo político, en cualquiera de los campos del espectro político.
Pero también es necesario destacar otra forma de participación política, que está más relacionada con los movimientos sociales populares, sindicales y académicos. Las mujeres emergen con un renovado vigor, superando toda clase de exclusiones y subvaloraciones –frente al rancio bipartidismo tradicional y también dentro de las mismas organizaciones políticas de izquierda que son acusadas de manejar un recalcitrante machismo–. Se recuerda el caso de la profesora de la UTP, Stella Brand de Prado, que asumió su labor académica desde el ideal de la intelectual orgánica, en el sentido de que el conocimiento debe servir para transformar la realidad social.
Se suman en años recientes los colectivos de mujeres que participan en diversas organizaciones que luchan por los derechos de la mujer, por la reconciliación, la memoria de las víctimas, escuelas de paz, derechos humanos y diversidad cultural y sexual. Si bien se trata de nuevos espacios de participación, que cuestionan los moldes patriarcales de la sociedad colombiana, aún son poco reconocidos y poco valorados en el ámbito de la política local y regional.
Foto extraída de: Pereira Antigua. Facebook.
4-Es perentorio profundizar en otros espacios académicos y políticos estos ejercicios de lecturas históricas-críticas en claves de emancipación de la mujer, entendido tanto como el deseo de autonomía –romper ciertos modos de tutelazgos- y también como participación en el ejercicio del poder social. Es evidente que la mujer se halla inmersa, al igual que otros actores políticos y sociales, en la dualidad que no siempre es fácil de resolver entre libertad y poder.
No es fácil determinar hacia dónde se quiere ir o hacia dónde se quiere llegar en estas luchas feministas por el reconocimiento. Se podría decir, como señala un libro coordinado por Adriana Maza Pesqueira –para el caso mexicano– que las mujeres han pasado de “liberales a liberadas”. Pero la intensidad de las luchas no niega el hecho de que las expresiones políticas femeninas no marchan en un mismo sentido, tanto de manera sincrónica como armónica. Las mujeres al poder también han reproducido esquemas y posturas autoritarias y corruptas.
Es decir, sean afros, indígenas, lesbianas, etc., hacen parte –de diversos modos– de la cultura política colombiana, y la experiencia de los años recientes demuestra que se pueden radicalizar en medio de las polarizaciones entre la izquierda y la derecha colombiana.
Tampoco es fácil apelar a criterios de igual o de neutralidad, como en una especie de un país de las maravillas igualitario o sin género. Se reclama un mayor estatus dialógico, pero esto debe avanzar en múltiples sentidos, tanto desde el reconocimiento como desde el empoderamiento, para así poder romper con cadenas de dominación y sujeción, que a pesar de dar muestras de estar bastante oxidadas, sobre sus amarres morales y políticos se siguen fundamentando relaciones sociales y construcciones culturales asimétricas.
Foto extraída de: Pereira Antigua. Facebook.
Para finalizar me gustaría dejar planteadas una serie de inquietudes sobre las cuales es necesario generar nuevos debates. Me pregunto: ¿Dentro de la propia determinación del género o de las posturas feministas no se evidencian diferencias de intereses y formas graduales de entender el sentido y la práctica de una conciencia feminista? ¿El sujeto político “mujeres”, entendido desde las perspectivas de género, hace alusión a una construcción monolítica, homogénea, que comparten un mismo ideal, una misma voz, un mismo interés, un mismo deseo? ¿Acaso no estaremos en presencia de lo que Gayatri Spivak señala como una especie de “catacresis”, es decir, una serie de lugares comunes que cuesta mucho trabajo esclarecer en la experiencia de un conjunto muy amplio y diverso de sujetos políticos y sociales que se asumen con una conciencia diferenciada de mujer? ¿Las mujeres que nos interesa estudiar a nivel histórico son solamente las de una determinada clase social?
Por otra parte, me atrevo a preguntar: ¿Cómo entender conceptos como emancipación, lucha o defensa a través de diferentes luchas y procesos históricos? ¿Sólo caben en este momento las luchas antisistemas? ¿Qué pasa cuando las mujeres se expresan en contra de la legalización del aborto, en defensa de una causa religiosa o moral, o se organizan para realizar alguna obra caritativa? ¿Cómo entender la sororidad[1] en este caso?
Finalmente, a pesar de que estamos de acuerdo en la necesidad de empezar a hacer visibles una serie de vacíos en la historia de Pereira –no sólo en el campo de lo político, sino también de lo social, lo intelectual, lo cultural, lo educativo, etc.–, es preciso insistir en la necesidad de que sean las mujeres las que también emprendan con rigor este proceso de autoescritura, de construcción de una narrativa propia que sirva de referente para las nuevas luchas del presente y el porvenir.
Si asumimos, como se decía en un comienzo, que el reconocimiento y la visibilización histórica es ya de por sí algo político, se debe llamar la atención de que las mujeres rompan el cerco de la subalternidad, tanto entre las mujeres que están en capacidad de asumir este reto en función de su nivel de estudios o su “capital cultural” –como diría Pierre Bourdieu–, como entre aquellas otras mujeres –que son la inmensa mayoría– y que pertenecen a los estratos socio-económicos más vulnerables y desiguales.
[1] Sororidad es un neologismo que se emplea para referirse a la solidaridad entre mujeres en un contexto de discriminación sexual y patriarcado.
Se trató con los niños algunos consejos para la escritura creativa y también recomendaciones para leer.
El equipo de La Cebra que Habla se desplazó hasta el colegio Juan Manuel González en el barrio Los Naranjos de Dosquebradas, para charlar con los niños sobre escritura y lectura. El motivo principal que nos guió hasta allá, fue el quinto concurso de crónica infantil 2018 Ojitos Lectores que se realiza en ese plantel y cuyos lectores y jurados, ambos niños y niñas de la misma institución, se preparan para calificar y disfrutar de los cientos de crónicas enviadas desde todo el país. La charla en el plantel contó con la presencia de entre 40 y 50 niños, todos muy atentos, deseosos de aprender más sobre lo que les apasiona: escribir.
Se habló con ellos precisamente sobre las mascotas, la capacidad de observar su entorno, su forma de comportarse, el cómo los demás perciben ese ser vivo y cómo pueden ellos mismos verlos para luego describirlos en una crónicas o narraciones. Adicional a eso se trató algunos consejos para la escritura creativa y recomendaciones para leer. Así disfrutamos la tarde, en torno al eje principal por el cual nos dimos cita en el lugar: Mocho, el perro que inspiró a todo un colegio a escribir sobre la dignidad y el valor de la vida animal.
Esa historia de amor entre un perro, un colegio, un barrio y un concurso de cuento, y cuya historia se puede en este mismo portal (Ver nota sobre Mocho).
A propósito, estas son las bases del quinto concurso de crónica infantil 2018 Ojitos Lectores, por si desea participar enviando su cuento a este certamen:
Requisitos para participar:
Ser estudiante activo, matriculado en cualquier institución de educación formal, pública o privada, en los grados 3, 4, 5, 6 y 7.
Presentación de las obras
1. La participación es libre.
2. La temática de la crónica debe estar relacionada con el tema del concurso.
3. Debe ser de autoría propia.
4. La historia debe ser escrita por el estudiante.
5. Cada participante podrá presentar sólo un relato.
6. La extensión de la crónica debe ser máximo de dos hojas tamaño carta, en letra clara, legible y evitando errores ortográficos. Sí es digital letra Arial 12, doble espacio. (Ilustraciones opcional).
7. La crónica debe tener una portada con los siguientes datos: Nombre completo del estudiante, edad y grado. Nombre de la Institución Educativa, dirección, teléfono, municipio, departamento. Nombre completo y teléfono de contacto del docente.
8. El 31 de Agosto deberán entregar en sobre sellado las crónicas que participan o correo electrónico: [email protected]
He llegado a la conclusión de que las ocas son cultivadas personalmente por los Apus o espíritus andinos.
Yo que me he trajinado extensos caminos rurales, haber sorteado senderos inimaginables, allá en el campo a leguas y leguas de la ciudad, donde era normal toparse con villorrios dejados de la mano de Dios, aldeas que aparecían de pronto entre las brumas de la neblina, casuchas de paja y barro donde no parecía vivir nadie, ni siquiera hirsutos perros que ladren al caminante. Era desolador ese aparente abandono, pero luego caíamos en cuenta de que sus moradores se habían ido a sus chacras o parcelas a cuidar de sus plantas o cultivos.
Y aparecían los perros, acercándosenos, meneando la cola como pidiendo ‘danos pan, muchacho’. Misterios de la vida, pero siempre me ha parecido que los canes tienen cierto sentido para sonsacar a los extraños algún mendrugo u otra cosa que tragar, como si nos olieran que venimos del pueblo o la ciudad. Es dura la vida en el campo, igualmente para las mascotas, que lejos están de sentirse como tales. Así que mínimamente a vigilar el ganado.
Entonces decía que en nuestros paseos, pequeños viajes por las áreas rurales íbamos conociendo los distintos sembradíos: enormes papales de verde sombrío que, sin embargo, a lo lejos el violeta de sus flores dotaba de una extraña belleza a las laderas y colinas; maizales donde era divertido perderse entre sus siluetas espectrales; trigales que se mimetizaban con los cerros pero que se delataban con los silbidos del viento. En otros lugares, de climas más benévolos atravesábamos las alfombras de locotales, sandías y zapallos. Incursionábamos en huertas donde iban madurando las paltas y chirimoyas, los tumbos y granadillas. Si había que ir a sitios más secos y espinosos para conocer los tunales y otros cactus, lo hacíamos.
Foto extraída de Facebook
Sin embargo, en esas tantas idas y venidas, como dice cierta canción, nunca había visto una sola parcela, una sola planta de oca, ese tubérculo alargado que, por asociación de ideas, creía de chico que era pariente cercano de la papa, que su mata habría de ser parecida y tal. Total, crecía en las alturas, ¿cierto?, más arriba de las cabeceras de valle, en la puna o dominios de los cóndores, allá donde las montañas se unían al cielo, seguía imaginándome.
Y así había de ser toda la vida, porque por inverosímil que parezca hasta ahora no he tenido la fortuna de toparme con su bendita planta. Así que he llegado a la conclusión de que las ocas son cultivadas personalmente por los Apus o espíritus andinos, pues su ilustre sazón difícilmente podría conseguirse en terrenos de tristes mortales.
Que cómo llega a nuestras ciudades sigue siendo un enigma, pero por intermedio de avezados comerciantes aparece en los mercados populares durante los meses invernales. Y en el invierno el padre Sol cocina con todo su fulgor, en unas semanas, las ocas desparramadas en el patio. Es cuando ya han alcanzado el dulzor necesario para hervirlas y acompañar las sopas a modo de pan. Esa consistencia harinosa, suave y dulzona hace que el almuerzo sea una experiencia agradable y saciadora.
Ocas blancas y amarillas en un puesto de mercado. Foto: José Crespo Arteaga.
Es fiesta para los ojos pillar ocas de variados colores y tamaños. Las más comunes, las amarillas que con su pulpa suelen prepararse espesas sopas, propicias para los días más fríos, una exótica alternativa a las cremas de zapallo. Las rojas, las anaranjadas, algo más secas pero que siempre valen la pena. Las de tonos blancos, más escasas, un tanto más acidas pero de regusto delicado cuyo matiz entre lo dulce y lo agrio no tiene parangón. Las moradas, algunas casi negras, que por su rareza aun son más difíciles de catalogar. Eso sí, que nadie pretenda comerse unas ocas sin asolear, le sabrán sosas y poco apetitosas.
No hay nada más suculento que disfrutar de un lechón al horno acompañado de ocas (las papas sabrán secas al lado de unas ocas horneadas) y ensalada de lechuga para añadir frescura a la boca. La tierna carne adobada con ají colorado, ajo, comino y otros condimentos encuentra el contraste perfecto con el sabor tostado y dulzón de la oca. Pocas cosas he hallado en mis recorridos gastronómicos algo tan exultante, evocador y maravilloso que el sabor ancestral de este humilde tubérculo de las tierras altas.
Pasarle una mano de mantequilla antes del horno (a ser posible de barro) no tiene precio. Y las texturas muy tostadas de su piel crocante, tampoco. Para mí equivale como la golosina para un niño, podría comer ocas horneadas todos los días. Así es la fortuna de vivir entre los Andes, entre tierras de eternos descubrimientos.
Ocas asoleándose en mi patio. Foto: José Crespo Arteaga.
Si la familia es la razón más valiosa que los seres humanos tienen para vivir, entonces ¿por qué estamos perdiendo interés por ella? Todas las personas se preocupan por sus madres, padres, hermanos y hermanas o incluso consideran terceros como partes de su familia.
Sin embargo, hoy día la tecnología nos ha invadido; las familias no se comunican, la gente chatea todo el tiempo, las familias tienen al menos tres televisores en una casa y por lo tanto carecen de comunicación.
Por otro lado, además de tecnología; vivimos en una sociedad altamente violenta, que no discrimina grados de parentesco. Ahora vemos en las noticias cómo los padres atacan a los niños y viceversa. El respeto está desapareciendo, las reuniones familiares no son tan comunes como solían ser, los modales no son tan importantes como lo eran antes y, por último, la educación también está pasando a segundo plano.
Dichas inquietudes suscitan interrogantes como ¿qué está pasando con la sociedad?, acaso ¿no es la familia tan importante como lo era antes? o ¿nos estamos dejando vencer por las drogas, las tecnologías y la moda? Inquieta pensar ¿por qué no estamos haciendo algo en contra de esto?, al parecer no nos preocupamos por nuestras familias y estamos poniendo el dinero como fin y no como medio, es como si pudiéramos comprar gente.
Foto extraída de: Pixabay
Anteriormente, la familia estaba al tanto de todo, las abuelas solían reunir a todo el grupo sólo para celebrar un cumpleaños o un día especial. Además, la Navidad era diferente; el día de la madre tenía más tradición y por no mencionar el día del padre. Hoy todo es inmediato, express o instantáneo; vivimos un mundo en rumbo de colisión.
Es realmente triste ver cómo han cambiado las cosas, pero es aún peor ver cómo cambiarán si no hacemos nada al respecto.
Para decirlo de otra manera, imagínese sin familia pero con dinero. ¿Vale la pena ser rico y perder la oportunidad de ver cómo envejecen los miembros de su familia? ¿Vale la pena abandonar el país en busca de nuevas oportunidades y quizá nunca volver a ver a sus padres? No lo creo, ¿verdad?
Si sus respuestas son negativas, podría estar de acuerdo con el hecho de que la familia es la razón más valiosa que tienen los seres humanos para vivir. En ese sentido, vale la pena recordar que el dinero no es todo en la vida; hay muchas cosas que ni siquiera una lotería podría comprar y, por lo tanto, nosotros como seres humanos, debemos reflexionar y repensar nuestras prioridades y necesidades. De esta manera se concluye invitando a la reflexión y recordando que el tiempo no perdona lo que a tiempo no se hace.