sábado, abril 25, 2026
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Miguel  Álvarez de los Ríos: cartografía de un estilo

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La propuesta de los autores apunta precisamente en esa dirección: aventurar la cartografía de un estilo que como el del escritor pereirano.


 

Con el auspicio de la Universidad  Tecnológica de Pereira  se publicó hace más de una década el libro “Miguel Álvarez de los Ríos, Forma y  estilo del Periodismo Literario”, escrito al alimón por el narrador y ensayista Rigoberto Gil Montoya y el historiador Álvaro Acevedo Tarazona.

Se trata de una de esas ediciones de lujo, tan escasas en nuestro medio, en la que a lo largo de 492 páginas  se intenta ofrecer una mirada panorámica del trabajo como ensayista y periodista de un hombre cuya prolífica producción en esos frentes corría el riesgo de perderse en los archivos de bibliotecas carentes de medios efectivos de conservación o en anaqueles personales cuyos dueños en muchos casos ni siquiera sospechaban el valor de lo que un amigo o el puro azar habían puesto en sus manos.

Y es que, más allá del impecable trabajo de edición y de la minuciosa pesquisa realizada por los investigadores Gil y Acevedo, lo que salta a la vista una vez concluida la lectura, es que los autores consiguieron rescatar para la región y el país un legado que apenas empezamos a valorar : el de una vida entera, la del escritor Miguel  Álvarez de los Ríos, consagrada a pensar, registrar y recrear desde el lenguaje las más íntimas pulsiones de una región, un país y sobre todo un planeta que en el transcurso de un solo siglo experimentó  mas transformaciones que las vividas por la humanidad en muchas  centurias sumadas.

 

Imagen extraída de: ciudadlatente.com/

 

Precedida de un análisis que da cuenta tanto de la peripecia vital del escritor y periodista, como de las fuentes culturales de su vasta y rica formación intelectual, la obra ofrece por ese camino la posibilidad de asomarse a las raíces de una manera de asumir y contar el mundo en la que el lenguaje es mucho más que una herramienta: es la materia misma de que están hechos los seres y las cosas.

Porque la propuesta de los autores apunta precisamente en esa dirección: aventurar la cartografía de un estilo que como el del escritor pereirano, es el resultado de un diálogo constante con el gran legado de la tradición universal.

La política, la ciencia, las artes, la historia y la literatura, devienen soporte pero también pretexto para emprender la búsqueda de ese asunto tan valioso y esquivo que es el estilo personal, así en la vida como en la escritura.

Su pasión por los clásicos, su vocación viajera y su condición liberal, en el sentido vital y político de esta última expresión, suponen  entonces las coordenadas de un mapa que  acaso explique por qué algunos lectores y amigos se refieren a él como “El último de los grecolatinos”, aludiendo a esa manera particular de remitirse siempre a lo universal del arte y el conocimiento como único camino para aproximarse de forma certera a las aristas de toda existencia particular.

 

Foto extraída de: 2.bp.blogspot.com/

 

El espacio y el tiempo apenas son pretextos para los que buscan. Esa podría ser la premisa implícita en estos reportajes, entrevistas, artículos y ensayos breves, que pueden referirse tanto al quehacer de hombres hicieron la historia política de Colombia durante el siglo XX como a las intuiciones y estremecimientos de sus poetas; a una Nueva York o una Pereira amadas en su desmesura o en su candor provinciano.

De la lucidez política de Juan Lozano o Abelardo Forero Benavides a personajes tan curiosos como el galán dominicano Porfirio Ruborosa o el satanista norteamericano Sandor La  Vey, pasando por poetas como José Umaña  Bernal o Luis Vidales, el trasegar público  y literario de Miguel  Álvarez de los Ríos ha sido una búsqueda sin tregua  de una manera personal y única de nombrar la existencia, que acaso se resuma en lo que su hijo Juan Miguel bautizó como “Mansa civilidad pensante”.

El resultado de esa manera de ver el mundo es lo que en buena hora nos devolvieron Rigoberto Gil Montoya y   Álvaro Acevedo Tarazona en este libro, al que deberíamos remitirnos los  habitantes de la región y el país como una manera de empezar a curarnos de la desmemoria.

Suiza: un vistazo a la tierra de Guillermo Tell

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El silencio, y lo repito a riesgo de reiterarme, es una de las mayores virtudes de estas ciudades.


 

El 1 de agosto partimos de Gradignan para una gran estación de trenes en Bordeaux. El recorrido nos llevó, como primer destino a Ginebra, Suiza, pero, con dos escalas necesarias. La primera en París, y la segunda en Lyon.

Al arribar a la Gare de Montparnasse en París, se debe tomar el metro para ir a la Gare de Lyon, que es la estación desde donde es posible conectar a Ginebra.

El desconocimiento  del idioma nos dificulta un poco las cosas.

Viajar en tren de alta velocidad (TGV -train à grande vitesse en francés-) es una experiencia muy confortable. Los controles son mínimos, se pueden llevar las maletas a mano (siempre y cuando sean de un tamaño que no exceda el disponible en los lugares destinados para su ubicación en cada coche), y se da emoción a los ojos contemplando los paisajes.  El viaje que realizamos tuvo una duración de dos horas en cada trayecto (un total de seis horas), pero con las conexiones, el descenso en las diferentes estaciones, y la posibilidad de llevar la comida al vagón del próximo tren, la jornada es muy manejable.

Es importante tener cuidado con los horarios. Los trenes parten puntuales, las puertas cierran rápido, mientras apurados pasajeros descienden y ascienden, muchas veces sin acertar el vagón en donde están ubicados sus asientos, lo que obliga a largas excursiones por los diferentes coches hasta llegar al lugar preciso.

No importa, lo definitivo es subirse antes de que la máquina parta de nuevo.

Ya ubicados, la mirada se pierde en el horizonte y la mente  divaga. La zona rural francesa impresiona por su uso intensivo: no hay predios ociosos, todos están arados, o cultivados. Se nota una gran organización, y un respeto obsesivo por las rondas de grandes ríos o riachuelos.

 

Viaje en tren. Cultivos. Foto por Martha Alzate

 

Al arribo a Ginebra, caminamos lento hasta nuestro hotel, acusando el peso de la jornada en rieles. Nuestro hotel es uno de aquellos cercano a las grandes estaciones, notoria circunstancia que hace de los recorridos cercanos un paisaje lleno de viajeros, envuelto en una extraña mezcla entre premura y nostalgia.

Ginebra es una ciudad ubicada alrededor de un gran lago, el Lemán, el mayor de Europa Occidental, y límite entre Francia y Suiza.  Este es uno de sus rasgos más representativos, pero tiene otras credenciales: es sede de las Naciones Unidas (la oficina que esta organización tiene en la ciudad es la más grande de las cuatro existentes, después de la de Nueva York), de la Organización Internacional del Trabajo, de la ISO, la Cruz Roja, la Organización Mundial de la Salud, la Organización Mundial del Comercio, entre otras entidades internacionales que tienen su sede en esta, la ciudad más internacional de Suiza.

El espacio público que rodea el lago es amplio y animado en verano, con cuerpos que caminan, corren, o se desplazan: en bicicletas, patines, patinetas, o monociclos.

Guían el recorrido los aromas de los platos típicos, el founde o los creps; y el juego de luces y sombras proyectadas por la gran rueda (como el London Eye en Londres) y los carruseles.

Al fondo, en el lago, las embarcaciones y yates; cruzando la acera, las construcciones de gran arquitectura, donde se aprecian vitrinas de costosas marcas de vestuario o relojes. Se experimenta una sensación en ese lugar, algo implícito acerca de la población local o flotante: una sofisticación, un hálito extramundano, podría decir “palaciego” pero la palabra que acude a mi mente no es la más precisa para decirlo.

Sus calles son una mezcla de culturas, con sus diversos vestuarios y acentos, que se presienten homogéneas sólo en un aspecto: todos parecen tener gran cantidad de recursos económicos disponibles.

La sensación se conserva, pero va disminuyendo al cruzar el puente peatonal que separa los alrededores del lago del centro histórico.  En él, las calles son sinuosas, algunas empedradas, y la arquitectura conserva el estilo local que consiste en edificaciones de cinco o menos niveles, construidas en piedra, que conserva la tonalidad terracota en la gran mayoría de edificios.  Las fachadas por lo general son planas, acompañadas de puertas y ventanas en madera, distribuidas de forma simétrica.

 

Lago en Ginebra. Foto por Martha Alzate

 

No sabría precisar cuál de estos aspectos aporta la sensación de armonía que invade al visitante. Si es la mezcla de materiales, las tonalidades, la homogeneidad de fachadas y alturas, o la adecuada mezcla de una sutil arborización combinada con un apenas notorio amoblamiento urbano.

O tal vez sea el silencio.

En esta ciudad, como en otras de Europa, ningún restaurante, establecimiento de comercio, habitante, visitante o transeúnte, sube el tono o el volumen.

Incluso, en algunos pasajes, es posible abstraerse y llegar a meditar sobre la manera cómo se vivía en el antiguo burgo.  Un rasgo distintivo y encantador: las fuentes de agua potable, públicas y estéticas, decoradas con flores de verano.

En los alrededores del centro histórico, algunos barrios, estructurados por los parques públicos, bien dispuestos, equipados con juegos que practican divertidos grupos de personas.  Aquí un ajedrez al aire libre, allí unas mesas de ping pong, más acá, juegos para niños y bebés.

Retirados de estas “zonas de acción” bajo la sombra de hojas abundantes, se relajan agradecidos lectores.

¿En qué reside la actitud de gratitud que se percibe en ellos?

 

Ginebra, Barrios y Parques. Foto por Martha Alzate

 

Creo que están satisfechos por varias razones: la posibilidad de acceder, de manera gratuita y cercana, a espacios públicos de gran calidad, con bancas que les permiten una acomodación agradable, en donde pueden respirar los colores del verano lejos del castigo del sol directo, y, sobre todo, en silencio.

El silencio, y lo repito a riesgo de reiterarme, es una de las mayores virtudes de estas ciudades.

El sistema de transporte interno está basado en las redes de tranvía que, además de silenciosas, transitan con una alta frecuencia, de tal manera que siempre están circulando las rutas que conectan los diferentes destinos. Aunque, muchos de los hombres y mujeres de todas las edades se  movilizan en sus pintorescas bicicletas, sobre las que pedalean en perfecto dominio de la postura, la velocidad y hasta de la moda.

Las mujeres son delgadas, de manera llamativa, y van en sus vehículos de dos ruedas dando serenos y constantes pedalazos, incluso usando minifaldas o vestidos cortos.  No sudan, no se despeinan, apenas si se agitan brevemente en las intersecciones, o cuando algún turista despistado se atraviesa por las rutas habituales que dominan a la perfección.

La abundancia de transporte público no marca necesariamente la ausencia de vehículos particulares.  Autos de alta gama, convertibles, motocicletas, pueden verse cruzando las calles y avenidas, y en muchos de ellos quienes se desplazan son personas con rasgos y vestuarios que nosotros conocemos con la denominación de “árabes”.

En un recorrido más extenso, por los vecindarios alejados del lago y el centro tradicional, es posible apreciar edificios con arquitectura contemporánea, mucho concreto y vidrio, pero nada de rascacielos.

La altura se conserva, aunque cambien los estilos y los materiales. Siguiendo la ruta de estos barrios periféricos, se llega a la plazoleta ubicada enfrente del edificio principal de Naciones Unidas. Allí, se puede observar la escultura que hace referencia a las minas antipersonales. 

 

Escultura Naciones Unidas. Foto por Martha Alzate

 

Un gran asiento rojo con una de sus patas rota, es la representación en este gran espacio público de una tragedia que han sufrido miles de personas, lejos de Ginebra, de Suiza y de la Europa actual, en países como Colombia y otros que han padecido largas y penosas guerras internas.

En la base de la escultura es posible leer un mensaje en varios idiomas, sobre la necesidad de defender los derechos de las poblaciones vulnerables, sobre todo en ambientes de conflictos armados.

Así es esta ciudad encantadora e inalcanzable, costosa y multicultural, sofisticada y hermosa, en donde se discuten y deciden muchas de las políticas económicas y sociales que rigen en el mundo en que nos ha sido dado existir.

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Santiago Jordan: El Michael Jackson pereirano

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Primero se es humano y luego se es artista


 

El propósito de todo artista es ser auténtico, mantenerse concentrado en la vida y enfocarse en sí mismo en esa carrera que ha elegido. El camino del émulo, implica llevar a tope todas las capacidades, sentirse como él, mirarse como él, y en algunas ocasiones ser el mismo representado en todas sus facetas. Para Erick Santiago Jordan, conocido como “Santiago Jordan” y aún más, reconocido como el Michael Jackson pereirano no hay barreras para conformarse, sino para salir adelante, especialmente prefiriendo el arte de la música y el baile.

Después de su última presentación en el año 2017 para el programa televisivo  “Yo me Llamo” , se convirtió en un ícono de la música pop en el país y por supuesto el mejor ídolo (y émulo) de Michael Jackson en Pereira.

En este trabajo  foto-biográfico enfocado en Santiago Jordan,  se deja ver un doble lente, por un lado, el de Diego Val, fotógrafo de La Cebra que Habla, y por el otro, Miguel Lozano Ante, aprendiz del conocido fotógrafo de la ciudad Victor Galeano. Trabajo mancomunado que pretende construir una historia, un perfil,  con percepciones diferentes desde el ángulo de cada ojo autor.

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Romper los pactos de silencio

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Fotografía extraída de: i.ytimg.com

El pacto de Adriana, es un ejercicio de intimidad y confrontación entre los hechos al interior de una familia y los que le sucedieron al país.


 

 

Fotografía extraída de: humonegro.com

Ficha técnica

Año, país, duración 2017, Chile, 86 minutos
Dirección y Guion Lissette Orozco
Productores Benjamín Band, Gabriela Sandoval y Carlos Núñez
Fotografía Lissette Orozco, Julio Zúñiga, Brian Martinez y Daniela Ibaceta
Música Santiago Farah
Sonido Directo María Ignacia Williamson
Montaje Melisa Miranda
Protagonistas Adriana Rivas, Lissette Orozco
Productora Salmón Producciones / Storyboard Media
Género Documental | Familia. Dictadura chilena
Música de creditos Ana Tijoux
Agentes de venta Meikincine
Distribuidora en Colombia Docco
Postproductora de color colombiana 2.35 Digital

 

En Chile, bajo la dictadura de Pinochet, se cometieron varios crímenes. Uno de ellos, y que perdura en el tiempo, fue el de casi aniquilar los hechos con el objeto de hacerlos expirar, de no dejar rastros para reconstruir episodios de sangre, de vulneración de derechos; sus mentores hicieron pactos de callar, de silenciar la memoria, para impedir se conocieran detalles o se supiera de los victimarios y sus técnicas. El tiempo y la capacidad de resistencia de las comunidades, demuestra, que la infamia no recoge sus frutos: el miedo no doblega, el terror no acalla, la tortura no vence, la muerte y el asesinato no postran. Las comunidades con algún yugo se intentarán zafar de él.

Aún con la soga en el cuello, hablarán su testimonio y contarán su sueño o clamarán por la justicia. He ahí, como en medio de matices, de un escalar de grises, vemos, una película que se incorpora en nuestras pieles, nos causa un escozor, nos sacude en lo más sensible y nos deja en estado de incertidumbres y quizás con un deber de memoria. La cineasta Lissette Orozco nos contó su historia, la de ella, su tía, abuela y familia, rompiendo un código: los secretos de familia.

El camino recorrido no es de los trajines de la historia, ni ir a los protagonistas esenciales o tomar el papel de la denuncia aparecen como instantáneas. El pacto de Adriana, es un ejercicio de intimidad y confrontación entre los hechos al interior de una familia y los que le sucedieron al país. Es como si en una familia, alguien, todavía siendo muy cercano por su lazo de sangre a un pariente, decide averiguar un aspecto sospechoso de su vida -siendo su ejemplo y admiración- y se encuentra con algo inesperado.

 

Fotografía extraída de: playboy.co

 

¿Qué hacer? La experiencia audiovisual sugiere estar preparados para poner de manifiesto un sentido y responsabilidad ética, de modo, que aunque significativos, no son tan sobresalientes los hechos políticos, sino esa vocación de humanidad. Una confrontación entre dos seres que se aprecian y se encuentran unidos por ser parientes y que luego sufrirán motivos suficientes para decidir cuál vía continuar con sus lazos.

Partes del documental nos muestran como la caída del dictador no fue suficiente, quedó incubada una ideología que hoy encaran cientos y que incluso celebran el genocidio, conmemoran fechas alusivas al exterminio y dejan entrever su apego por esa figura; la sorpresa, es la edad de la población que acomete estos hechos. Así la justicia encuentra choques, se generan pugnas al interior de la propia población que queda dividida en bandos. Las víctimas jamás renunciarán a su necesidad de conocer la verdad y a su vez los perpetradores e ideólogos de los crímenes harán todo lo posible por salirse con las suyas.

El tiempo y la capacidad de resistencia de los familiares y de los movimientos sociales, ejerciendo presión y refrescando la memoria, pueden lograr que no se pasen las páginas de la historia como si nada hubiera acontecido. Un documental oxigena y puede propiciar interacciones, de hecho, la mayor es la de tía y sobrina, quienes intercambian diálogos, tan dinámicos como pasmosos, por un flanco aparece el lugar de la memoria, por el otro el de el engaño

 

Fotografía extraída de: i.ytimg.com

 

Cuando uno ve el Pacto de Adriana, siente un sinsabor, el proyecto de entierro, de despojo, de poner en entredicho los sucesos y los ataques de sevicia para imponerse, son de tal calaña, que puede convencer a los responsables en ser inocentes, peor, de propagar la idea que así lo son entre los demás y que los respalden. Aunque en el fondo, como sucede en Colombia, existe una población complaciente, quienes avalan y hasta podrían ser cómplices de esos hechos atroces. “Mataron a los comunistas por huevones”, se deja ver. Lo mismo pasa en otros lugares donde instalaron el proyecto de la barbarie y el genocidio.

Lissette es una joven cineasta chilena. No se propuso hacer tal trabajo tan íntimo y revelador. Apenas fue necesario tener una tía por descubrir, y contar con una vocación de grabar y reseñar situaciones de la vida cotidiana, su profesionalismo nos da cuenta de cómo armar esas piezas tan disueltas y dispersas, total que cuando ves, son tan compactas que se advierte un conocimiento del arte de contar historias. Los aprendizajes dejados son múltiples.

Se trata de un trabajo tan valioso que al verlo, no sólo sabemos de un hecho y de una familia, sino de universales, de contradicciones propias, de ese sentir y pensar humano sobre lo ético, si hablar o callar, si romper los pactos del poder o dejar que sigan el curso del olvido.

 

Fotografía extraída de: playboy.co

La ciudad que va desapareciendo: Ciudad Victoria y la renovación urbana del centro de Pereira

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Escribiendo este texto he sido consciente del valor que tendría emprender como ejercicio de reflexión un recuento histórico y académico, desde las perspectivas urbanística y social


 

Un contexto general

A finales del siglo pasado y comienzos de este, la economía estaba estancada, fuertemente afectada por la crisis del sistema de financiación de los bienes inmobiliarios, el UPAC, y asolada por el conflicto interno; el desempleo rondaba el 20% y la inflación se ubicaba cerca del 17%.

Ese era el panorama que enmarcaba al país en el inicio de los nuevos gobiernos territoriales, en el año 2001, los cuales aún tenían un período de duración de tres años.

En Pereira, fue elegida con gran expectativa la candidata del partido liberal Martha Bedoya.  Al ingresar al gobierno, ella quiso retomar la idea de renovar la galería central o plaza de mercado.  En administraciones anteriores se había dado inicio a esta iniciativa pues el sector empezaba a mostrar un cierto decaimiento. El deterioro del lugar se vio acelerado por los estragos causados a partir de la ocurrencia del sismo del año 1995, momento en el cual el Alcalde del época, Juan Manuel Arango, decidió comprar el predio de la antigua galería y trasladar la plaza de mercado a lo que hoy se conoce como el Mercado Minorista de la calle 40.

Adicionalmente a estas acciones de gobierno relativamente recientes, existían propuestas de traslado de la antigua galería realizadas desde los años sesenta.

 

Foto por: Diego Val.

 

En el plan de renovación urbana del centro de Pereira, posteriormente bautizado con el nombre de Ciudad Victoria, confluyeron entonces dos factores decisivos a mi juicio: la economía que en el año 2001 empezaba a dar síntomas inequívocos de reactivación después de haber vivido un fuerte estancamiento, aspecto en el cual esta iniciativa representó una forma de reactivación de la economía local, y la influencia de otros emprendimientos de renovación urbana iniciados en el país, como el del parque Tercer Milenio en Bogotá, o el del Museo de Antioquia en Medellín.

 

Recuerdos de la plaza de mercado y mi participación en el proceso de renovación

La galería central quedará en mis recuerdos asociada a un canasto de mimbre. Era ese el recipiente que usaba mi madre para ir a realizar el mercado.  En mi memoria están grabadas las imágenes de la estructura del viejo edificio, sus rampas peatonales que daban acceso a los diferentes locales, los puestos repletos de yerbas aromáticas, oscuros y con olor a tierra, los comercios que vendían la carne (expuesta en toda su desnudez, aferrada como trofeo a potentes ganchos metálicos), las ventas de queso cuyo suero se derramaba por el piso sin que a nadie pareciera preocuparle, el gentío, los olores, el bullicio, el muchacho que ayudaba a cargar el canasto, ya repleto de víveres, amarrado a una cincha que ajustaba y sostenía desde su cabeza.

Ese era para mi un lugar de visita frecuente hasta que en la ciudad hizo su aparición una innovación, el primer supermercado.

Años después, cuando regresé de hacer una maestría en Bogotá, me vinculé al gobierno de Martha Bedoya como Secretaria de Control Físico.  Allí, a comienzos del año 2001, era citada a unas reuniones en la Universidad Tecnológica, a las que asistía en compañía de representantes de diferentes entidades, entre ellas varios secretarios de despacho del municipio y la Fundación Vida y Futuro, para discutir el camino a seguir con el fin de dar continuidad a la renovación urbana de la galería, que por alguna razón se había quedado a la mitad, una vez que fueron trasladados los comerciantes que ocupaban el edificio central.

 

Foto por: Diego Val

 

La formulación del proyecto de Ciudad Victoria

La formulación de un plan parcial de renovación, obligado para esa área por el plan de ordenamiento vigente, Acuerdo 18 del 2000, venía siendo liderada en la Empresa de Renovación Urbana, dirigida por la Doctora Adriana López Giraldo.

Se dio la coyuntura que la Dra. Giraldo salió a cumplir su licencia de maternidad, y la Alcaldesa Bedoya me encargó de la gerencia de dicha empresa.

Desde ese momento, y con el apoyo de un gran conocedor de los temas de ordenamiento, el economista y consultor Fabio Giraldo Isaza, retomamos la formulación del plan parcial, para lo cual contamos con un gran equipo de profesionales locales entre los que se destacaban el urbanista Gustavo Mejía Rodas, los arquitectos Orlando Bedoya, Luis Fernando Montes y Carlos Andrés Herrera, y la abogada Olga Lucía Monsalve.

Pido excusas si la memoria me traiciona y dejo de mencionar a otras personas que hicieron parte de este equipo, que fue el encargado de darle un perfil de documento técnico a la iniciativa, y presentarlo ampliamente, no solo a toda la institucionalidad y la ciudadanía pereirana en general, sino a los inversionistas que a la postre terminaron vinculándose al proyecto y siendo definitivos en la viabilidad financiera de toda la operación.

 

Foto: La Cebra que Habla.

 

Valoración crítica de la renovación urbana del centro de Pereira

Para no extenderme indebidamente en este documento, es importante aclarar que la propuesta diseñada por el equipo técnico que dirigí, fue acogida posteriormente en la Secretaría de Planeación a cargo en ese entonces de la Dra. Adriana Vallejo.  Allí, se hicieron modificaciones al urbanismo planteado inicialmente, y se dio paso a la concreción de lo planificado.

Es una realidad incontrovertible que la zona estaba totalmente tomada por la delincuencia, las edificaciones ruinosas amenazaban con derrumbarse, y los propietarios, impotentes, arribaban desesperados a mi oficina de entonces buscando apoyo para recuperar la soberanía sobre sus predios, casi todos invadidos o tomados por los grupos ilegales. No obstante esta aguda situación, considero que se tomaron algunas decisiones inadecuadas y perjudiciales para la ciudad.

Una de ellas, la eliminación de la carrera 11 entre calles 18 y 14, lo que repercutió de manera muy negativa en la movilidad de la ciudad. Este aspecto del urbanismo pudo y debió ser sustituido por la depresión de la vía, en un nivel inferior a los sótanos de parqueaderos del actual supermercado Éxito, lo cual evidentemente habría aumentado los costos, pero habría salvado la movilidad de una arteria importante de la ciudad.

Por otro lado, hoy día puedo comprender mejor el aspecto social de los procesos de renovación urbana, de estos entramados colectivos que, aunque fuertemente cooptados por la criminalidad, contienen otros aspectos de delicada urdimbre y manejo.

 

Foto: La Cebra que Habla.

 

La ruptura que implicó el desplazamiento forzado de esta población, en virtud de la renovación del entorno físico, tuvo impactos dramáticos, no solamente para la población en sí misma, sino para toda la ciudad.

Las actividades asociadas a la ilegalidad se diseminaron por el territorio creando nuevos nichos de malestar social y deterioro urbano (es el caso de los puentes de las carreras 9ª y 10ª con Avenida de Ferrocarril o el de la Carrilera en el barrio Cuba), y el tratamiento de la población afectada e involucrada en estos cordones de miseria fue estrictamente paliativo y excesivamente puntual.

Aquí es importante aclarar que, a pesar de que al momento de la formulación del plan parcial, por directriz de Fabio Giraldo, contratamos con la Fundación Germinando un censo de la población y actividades económicas del sector, y que allí se mostraba claramente la fuerte presencia de redes de tráfico de objetos robados, cable de cobre, monedas, y por supuesto drogas ilícitas, fue incorrecto asumir que todos sus habitantes estaban en la indigencia por ser delincuentes o drogadictos. Incluso, habría que haber entendido de mejor forma que estos fenómenos sociales se traslapan o superponen, y que no es necesariamente desplazándolos sin ofrecer solución real a sus problemáticas, como se debe abordar el aspecto social de estas intervenciones urbanísticas.

 

Conclusión

Podría contar más anécdotas, y analizar otros aspectos técnicos, como el avalúo de los predios, lo que a la postre ha imposibilitado el desarrollo de los proyectos de vivienda, o la aridez del espacio público propuesto y construido, del cual la plaza Ciudad Victoria es un hecho representativo en relación a las deficiencias del diseño urbanístico (el cual no consultó ni las necesidades reales de la población, ni el entorno o los factores climáticos del lugar donde se habría de construir), pero el espacio es limitado y no alcanza para exponer todas las aristas que tiene una experiencia como estas, de gran impacto y trascendencia para una ciudad.

 

Foto: La Cebra que Habla.

 

Existe una gran pieza literaria escrita por el argentino Tomás Eloy Martínez que se llama El Cantor de Tango. En ella se recrea la obsesión de un intérprete de esta música porteña por atrapar los lugares de la ciudad que están desapareciendo.  El artista realiza presentaciones secretas en aquellos lugares que el continuo desarrollo urbano va devorando.  Es una metáfora de los tiempos pasados que están, también, representados en los edificios y lugares que fueron parte de las vivencias de otros, ciudadanos como nosotros, que ya no están, pero que nos hablaban de sus costumbres, amores y ambiciones.  Recordar y valorar la ciudad que va desapareciendo es una acción importante, para construir y reforzar la identidad de un territorio y sus habitantes.

Escribiendo este texto he sido consciente del valor que tendría emprender como ejercicio de reflexión un recuento histórico y académico, desde las perspectivas urbanística y social, de este hecho que sin duda es uno de los más importantes de todos los tiempos en nuestra ciudad.

Día internacional de los pueblos indígenas: Tierra, territorios y recursos ancestrales

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Especial


Texto: Naciones Unidas

Los pueblos indígenas representan una gran diversidad: más de 5000 grupos distintos en unos 90 países y hablan una abrumadora mayoría de las aproximadamente 7000 lenguas del mundo. Están constituidos por 370 millones de personas aproximadamente, es decir, más del 5% de la población mundial y, sin embargo, se encuentran entre las poblaciones más desfavorecidas y vulnerables representando el 15 por ciento de los más pobres.

Los pueblos indígenas han heredado y practican culturas y formas únicas de relacionarse con la gente y el medio ambiente. Retienen, además, rasgos sociales, culturales, económicos y políticos que son distintos de los predominantes en las sociedades en las que viven. Pese a sus diferencias culturales, los pueblos indígenas de todo el mundo comparten problemas comunes a la hora de proteger sus derechos como pueblos diferentes.

Las poblaciones autóctonas han buscado durante años el reconocimiento de sus identidades, su forma de vida y el derecho sobre sus territorios tradicionales y recursos naturales. Pese a ello, a lo largo de la historia, sus derechos han sido siempre violados. En la actualidad, se encuentran sin duda entre las poblaciones más vulnerables y perjudicadas del mundo. La comunidad internacional reconoce ahora que se necesitan medidas especiales para proteger sus derechos y mantener sus culturas y formas de vida.

 

Bienvenidos

Especial elaborado por La Cebra que Habla


 

 

 

 

Los niños Embera aún no conocen una cebra

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Y un niño le lanza agua a otro con una fumigadora persiguiéndolo por todo el patio y al no lograr alcanzarlo se ensaña contra un pato a pistoletazos.


 

Un poco antes de ingresar al resguardo indígena de los Embera chamí en el bajo San Juan, un hombre nos amenaza: “deberíamos matarlos a todos”.  El hombre está ebrio. Pero es claro que los niños y los ebrios siempre dicen la verdad, así que descendemos hacia la entrada con precaución.

Luego nos explican que la comunidad Embera está dividida, no es una sola como se cree, sino que también existen los Embera Katío, y no todos comparten la misma idea de dejar que extraños ingresen a su hábitat, a “contaminar culturalmente el grupo”.

Bajamos por una pendiente hasta cruzar un puente de tablas dispares cuyo piso nos resguarda en ese momento de la borrasca del río San Juan. Río que está bravo debido a la torrencial lluvia de la noche anterior como si el cielo se hubiera roto.

El hombre ebrio sigue amenazando a lo lejos con sus manos pero lo hemos dejado atrás. El ingresar (a excepción de esa eventualidad) parece simple. Hay que buscar a Leidy Yohana Aizama Zamora, conversar con ella, grabar e irnos. Pero luego esa sencillez adquiere otro matiz, pues al pisar suelo Embera chamí, nos encontramos con un resguardo que se reúne en ese momento en una de las casas de la comarca a deliberar sobre un caso de violencia doméstica.

 

Foto por: Diego Val.

 

La situación es tensa y discuten en Chocó, o Emberá, su lengua materna.  Vemos mujeres vestidas con blusas y faldas de colores que en vez de llevar sus productos del campo,  llevan machetes. Hombre con camisas estampadas de Comfamiliar, Puma, Caritas Pereira, y del deportivo Pereira, airados como si algo estuviera pronto a estallar. Todos, a excepción de los niños,  llevan botas. Levantan las manos. Disputan de dos en dos buscando un punto en común. Se ven desafiantes y hasta parecen gritar. Sin embargo, al pasar tiempo con ellos, se descubre que este tono  al hablar es el que usan habitualmente para afirmar cosas triviales como: “¡Forlan¡ anda a buscar las gallinas”. O “¡Ya vienen!, ya vienen los de Pereira”.

Han pasado varios minutos y vemos que el asunto no va bien. Todos nos miramos como haciéndonos preguntas.  Así que en la espesura del calor de esa mañana de sábado, decidimos parar un momento y no grabar sino conversar con algunas mujeres.

―¡Buenos días, señores! Se acerca un hombre Embera y saluda en un castellano a cuotas.

―Buenos días. Responde al unísono el equipo.

― ¿Aquí a nadie la han pedido permiso para ingresar? Dice, y las personas que están en el juicio sumario cambian su foco de atención, especialmente las mujeres, que con machete en mano miran interesadamente a los visitantes.

 

Foto por: Diego Val.

 

―Estamos con Yoana. Hemos hablamos con ella. Venimos a conversar con las mujeres sobre las artesanías que hacen en la comunidad.

―Deben avisarle al gobernador. Nada se hace sin su consentimiento. Sugiere. Y los niños, que están diligentes a esa hora de la mañana, corren a llamarlo a su casa, ubicada a 50 metros del lugar principal. Al fondo se deja ver un hombre grande que se acerca, es Gilberto Necavera, la autoridad entre la comunidad. Un hombre de baja estatura, macizo,  de piel cobriza, que  llega sin camisa reluciendo en su torso una señal, una cicatriz, quizá de una operación de peritonitis, o del hígado.

Luego de exponerle la situación obtenemos su autorización pero los ánimos están caldeados. La discusión marital no termina. Y en ese tumulto de gente, se ignora que al otro lado donde se ejecuta el juicio sentimental, en dirección contraria,  está la caseta comunal donde se reúnen los niños a deliberar de otros temas: los juegos que van a llevar a cabo esa mañana.

Allí están apiñados Didier Guasiruma, Herney Aiazama Zamora, Gisela Guasivama Bizama, Mesi Nacavera, Aquilino Wapulema, y dos niñas más que traen arrastrado a un pequeño en pijama a rayas azules, con una ballena de las que salen en Moby Dick estampada en la parte delantera.

 

Foto por: Diego Val.

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Esta comunidad Embera Chamí, compuesta de 68 familias, alberga un poco más de 300 personas, entre ellos, un tercio de esa cantidad, son niños.  La verdad, no hay necesidad de hacer un inventario. Solo es observar que en el suelo hay sacapuntas y madejas de hilo, por un lado, y un corralito de piedra y un jardín de barro donde todos saltan, por el otro.

Las casas de sus padres y vecinos son pequeñas, pero para ellos son edificios como los de Pereira. Entre su gente no se sienten extraños, es más, realmente creemos que nosotros somos los extranjeros, y posiblemente los indios para ellos. Nos halan de la mano desesperados para que conozcamos su espacio, o mejor, para que vayamos a su templo de la ternura, llamado “Uca Dachi Warranachake Juma Duane”.

 

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Ha pasado casi un cuarto de hora y los adultos ya han quedado en un segundo plano. Frente a esto, en el mundo de los niños las peleas son de otra forma: Gisela Guasivama le lanza un balonazo a Didier Guasiruma porque le ha quitado la leche malteada marca ¡Mr Quick!; Cataleya Guarisuma se hace una trenza mientras Aquilino Wapulema se la desbarata. Y un niño le lanza agua a otro con una fumigadora persiguiéndolo por todo el patio y al no lograr alcanzarlo se ensaña contra un pato a pistoletazos Y todos, sin excepción, se burlan de un niño llamándole “El chivo” por su corte de cabello parecido al de Neymar.

El asunto de violencia familiar entre los adultos, parece ir menguando. Lo entendemos así porque un hombre sale de allí y toma una guadua de ocho metros para seguir construyendo su casa. Otro con un martillo en la cintura empieza a reforzar el techo levantado por el vendaval de la noche anterior,  y una comadrona, vestida tiernamente de rosado con azul, se sostiene de su bordón para subir a su casa emplazada en un colina mediana.

 

Foto por: Diego Val.

 

El asunto de los grandes se ha disipado. Sin embargo todo ha cambiado en ese lugar, porque podemos apreciar a los niños en su otro mundo diferente al de los grandes.  En el patio intermedio del poblado hay emplazada a modo simbólico, ocho piedras quemadas que forman un círculo. Los niños parecen no comprender de qué se trata ese símbolo, y hasta no dan señal de creer que los dioses demanden respeto. Saltan y corren entre los montículos de piedra, mientras se persiguen unos a otros lanzándose una cucaracha como si fuera un muñeco de Disney. Algunos gritan, otros con gemidos de horror, salen despavoridos buscando la falda de sus mamás.

El aspecto físico del lugar, de varias casas sin columnas con afiches de Petro presidente; un poste de luz que extiende sus cables a cada vivienda como un velo de novia  y una ancha calle rústica donde juegan futbol o hacen sus juicios emberas,  no es un impedimento para que los niños se distraigan con sus mascotas, las gallinas, que también son el alimento de la familia; halen con una cuerda una lata de sardina con una piedra dentro a modo de carro; hagan castillos con frascos de medicina, y hasta uno de ellos se quita los calzoncillos para hacer una bandera y jugar a enterrarla y así colonizar unos centímetros de tierra.

Están curiosos con todo. Preguntan de dónde venimos. Les aseguramos que de Pereira, de La Cebra que Habla. Se quedan pensando sobre qué es una cebra y por qué habla. Luego nos jalonan porque quieren saber qué es una cebra y nos llevan de nuevo a su templo para señalarnos si se parece a un caballo que tienen pintado ahí dentro. Al ingresar nos extasiamos con el mundo de dibujos con el que han decorado ese espacio. De entrada hay una imagen de un anciano que tiene delante un niño.

―Es un Jaibaná. Le está cantando a un niño porque está enfermo. Dice Didier Guasiruma, el más grande de todos. “Se llama Luis Arturo”.

 

Foto por: Diego Val.

 

Realmente Luis Arturo es el medico de la comunidad, que igual que el doctor le dice a un niño en la ciudad que le picará una abejita cuando lo inyecta, el Jaibaná les dice que les va a cantar, cuando realmente está invocando a los dioses a manera de rito para sanarlos de dolores en el estómago, o cuando algún animal del monte los pica.

Ese templo o caseta comunal es su pequeño universo, o cueva de Lascaux. Aviones. Escobas. Piñas. Perros. Monos. Mariposas. Submarinos y otros elementos más representados en manualidades y dibujos. Son una autoridad allí en su espacio y son nuestros guías todo el tiempo. Algunos de ellos nos enseñan a hablar en su idioma y preguntan en su lengua: ¿qué desayunaron? Y  si acaso alguno de nosotros tiene novia. Las respuestsa intimidan, pues son unos niños trilingües que hablan Embera, castellano e inglés y parece no importar qué podemos decirles al respecto. Solo se distraen encestando una pelota en un bolso de cuero, y las niñas se halan las trenzas entre ellas.

El sol del medio día ya se asoma con timidez, y como el equipo de Pereira se dividió en dos, ellos ha terminado la labor programada con las mujeres y la artesanía y nosotros también. Nos despedimos. Sin embargo los niños no se resisten que los dejemos tan pronto. Salimos despacio con palabras de cortesía, pero ellos salen corriendo detrás de nosotros a despedirnos como si fuera una cruzada infantil que despide a sus héroes de televisión. Quizá están acostumbrados a ver personas diferente a ellos en el lugar, por eso son tan hospitalarios, tan risueños, y para quitarles la tristeza les dejamos dinero para que compren  sus golosinas favoritas: bolis, helados y tangelos.

El pequeño Herney Aiazama Zamora, desde lejos nos dice que si al regresar podemos traerle una cebra. Nos quedamos mudos y hasta con los ojos aguados, y cruzamos el puente en dirección a la ciudad. Pensamos sobre qué puede significar una cebra para ellos, y si al verla, preguntarán el por qué está empijamada a toda hora, o quién acaso la pintó así. Los niños, igual que los borrachos siempre dicen la verdad, son curiosos por naturaleza y  hasta pueden creer que una cebra habla.

 

Foto por: Diego Val.

El teatro no rescata, aviva el corazón del artista

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Foto por: Diego Val

“El teatro es la vida, es expresar todo lo que uno tiene… más que el teatro es el arte en general, es un retiro a otras cosas que la cotidianidad no brinda”


 

Esta es la perspectiva de Jorge Humberto Bueno Bueno, un músico en formación de la Universidad Tecológica de Pereira que disfruta de la trompeta y el Teatro como el taita disfruta su Kena. Un hombre indígena de 26 años que vive en Pereira.

Quien lo conoce, sabe que tiene mucha energía para expresarse, moverse y tocar un instrumento. Disfruta además del  compartir y de las enseñanzas que constantemente obtiene del resguardo indígena San Lorenzo, su pueblo natal, en Riosucio, Caldas,

En sus comienzos, Luz Dary,  su señora madre, llevaba en el vientre a Jorge, quien nació en la vereda San Jerónimo, Riuosucio,  y pudo traerlo al mundo gracias a los conocimientos sobre partería que aprendió de su abuela Rosa María Bueno, quien como relata él mismo, fue la que le cortó el cordón umbilical, la partera del territorio.

En el año 1992 Luz Dary Bueno, su madre, vivió los atropellos de la guerra en este territorio.

Históricamente San Lorenzo, que está conformado por las zonas de San José, San Jerónimo y el Centro Poblado, ha sido utilizado tanto por las guerrillas de las FARC, ELN y los mismos paramilitares en su momento, como corredor indispensable para dominar la zona central del país. Por ello de una u otra forma sus más de 11 mil habitantes, organizados en 21 comunidades, han sido hijos de la guerra (Tomado de: unidadvictimas.gov.co)

Toda su familia pertenece al resguardo y por supuesto al municipio, herederos por derecho a los territorios que ancestralmente han pertenecido, han cultivado y han protegido. Actualmente el gobierno efectúa tareas para que los cultivos de caña, plátanos, los naranjales y la yuca que tradicionalmente han hecho parte de su cultura y que fueron testigos de la barbarie, se preserven y hagan parte de la reparación de las víctimas que en las décadas de los 90’s cobijó al sector de estos Embera Chami.

 

Seis o siete meses

A raíz del conflicto su madre viajó a Pereira, con seis o siete meses de embarazo de Jorge. Aquí en la ciudad vino buscando mejores oportunidades y un lugar dónde vivir. Ese lugar fue la “invasión” del barrio La Dulcera en Pereira. Después de identificar el panorama, de trabajar en casas de familia como empleada de servicios y asegurar su estadía en esta ciudad, regresó a Riosucio para que su hijo, ya con casi 5 años de edad, hiciera su primer año de escuela, allí, en la vereda San Jerónimo.

 

Foto por: Diego Val

 

Me quedaba en casa de mi abuelita. Dice. Y realmente aprendía las tradiciones y veía, seguramente, las dinámicas de la población indígena mientras su madre trabajaba en Pereira. Después del primer año de escuela volvió al barrio La Dulcera, y cuando contaba con ocho años de edad, nacería su hermanita Deisy Bueno Bueno. Recuerda que cuidaba de ella en las mañanas o en las tardes, dependiendo de su horario estudiantil, le daba el biberón, cambiaba sus pañales y salía a pasear con ella tranquilamente por el sector.

Cuidarse entre hermanos fue la constante durante años, ya que así, le permitían a su madre cumplir con las extensas jornadas laborales como empleada de servicios en casas de familia.

Primero Deisy, luego Yuliana y ahí se distribuían el tiempo del cuidado entre ellos. Mientras Deisy estudiaba en la tarde, Jorge la cuidaba, y en complemento, mientras Jorge estudiaba en la mañana, Deisy lo cuidaba. Se repitió así con Daniel y Stiven Bueno, sí, son cinco hijos indígenas criados y levantados en la ciudad.

 

Las Escuelas

Vivir en un barrio como La Dulcera por diez años, afirma Jorge, comprometía exponerse a varias cosas.

El expendio de drogas, la delincuencia común, el machismo y sobre todo, la violencia.

“Yo era muy problemático y no duraba en ninguna escuela”.  Estudió en el Deogracias Cardona hasta 8° grado, el mismo colegio del cual es egresado el actual Alcalde de Pereira.

Quizá este colegio tenga algo en particular y es, que fue fundado por el activista Deogracias Cardona Tascón primero con el nombre de Colegio Oficial de Varones. Allí se formaron personajes como Cesar Gaviria Trujillo, el jefe del partido liberal. Pareciera una coincidencia el cómo pueden confluir en un mismo espacio estas diferentes personalidades, que en términos morales para bien o para mal, han hecho parte de la historia de este país. Así, Jorge conoce al profesor Edgar Arguellez, quien pasaba por cada uno de los salones invitando a los jóvenes a hacer parte del grupo de teatro que se formaría durante su último año en el Deogracias.

“Yo solía robar en las casas de las personas porque tenían prejuicios frente a mí”. Dice que la gente le temía.  El hecho de que sus amigos y  vecinos en el barrio La Dulcera o en otras partes lo discriminaran, tal vez por ser del barrio o indígena, le indignaba tanto que decidía robarlos para que tuvieran una verdadera razón por la cual quejarse.

“A mí me sensibilizó y me puso a reflexionar mucho que mis compañeros de teatro me tuvieran tanta confianza, sentí que servía para algo”.

Nos comenta que alguna vez, ya estando en casas de sus amigos de teatro no llegó a pensar en apropiarse de algo ajeno, en esencia nunca fue así. La circunstancia fue que ellos nunca desconfiaron de él ni lo discriminaron por ser de un barrio popular como lo es La Dulcera. Por lo contrario, le regalaban libros y pasaban mucho tiempo a su lado.

 

Foto por: Diego Val

 

El primer libro que se leyó fue “El atravesado” del escritor caleño Andrés Caicedo. Afirma que se sintió muy identificado con ese chico problemático del libro que le pegaba a todo el mundo y no  simpatizaba en alguna parte.

Igualmente, a Jorge lo expulsaron, por ser muy problemático en el año 2007 del Deogracias Cardona. Posteriormente fue a parar entonces a la Institución Educativa de San Nicolás, perdiendo siete materias. Tanto en el colegio como en casa le aconsejaron cambiar nuevamente de institución.

Su próximo colegio sería el Sur-oriental. Allí estaba asegurada su victoria, si es que de triunfos escolares podemos hablar, puesto que en ese año el gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez había propuesto desde el ministerio de educación que absolutamente ningún estudiante podía perder el año, aún así, esto no fue impedimento para que nuestro artista irreverente volviera a cambiar de colegio.

Próxima institución educativa, el Alfredo García.  Caminaba cerca de una hora desde La Dulcera, específicamente desde La Platanera, hasta el Bosque para aprovechar las clases de teatro mientras estudiaba allí. Afirmó que aún así no “dejaba de delinquir” dentro del barrio, teniendo en cuenta que muchas veces la condición económica y el mismo contexto se le presentaba implacable. Tanto que, alguna vez, un compañero de barrio lo invitaría a una fiesta que se realizaría en una finca en el corregimiento de Combia, rumbo a Marsella.

La celebración se presentaba agradable y desbordada en música, alcohol, drogas y personas para compartir todo esto. Sin embargo, había un sinsabor en el ambiente por ciertos personajes de los cuales se desconocía su procedencia. Tiempo después de que a los festejantes se les hiciera poco importante la presencia de estas personas, se detuvo la música y un hombre alzando la voz comentó:

“Ahora si, les vamos a decir porque vinieron a esta fiesta, por favor hombres y mujeres en lados diferentes”

Era un reclutamiento paramilitar, Jorge lo afirma teniendo en cuenta que gran parte de los asistentes que allí estaban, eran habitantes de La Dulcera o de barrios marginalizados. Su primo, quien estaba en la fiesta y al parecer, participe efectivo de este grupo se percató de la presencia de Jorge para decirle a los mencionados personajes, que a nuestro artista irreverente no se lo podían llevar, que no entendía el porqué de su instancia. Entonces, le aconsejaron (a su primo) que se fuera. Jorge como pudo tomó a su compañero, quien lo había invitado para que emprendieran el camino juntos hasta La Dulcera.

“No me importaba la caminata, sólo mi integridad. Eso me generó mucho temor, hasta este día, no sé nada de las personas reclutadas ese día”

 

Un artista irreverente

Las caminatas, su relación con el teatro y las múltiples formas de ser un hombre indígena en una ciudad que aparenta libre pensamiento, empezaron a cambiar sus rutinas. Leía los libros de Fernando Soto Aparicio y Gabriel García Márquez que le regalaban sus amigos. Practicaba sus técnicas de teatro y poco a poco se dedicaba al estudio, así hubiese sido expulsado nuevamente del Alfredo García y del Jaime Salázar Robledo en el primer año de su inauguración por las razones que anteriormente ya hemos abordado. En última instancia, decidió terminar sus estudios en el complejo educativo La Julita.

 

Foto por: Diego Val

 

El grupo de teatro que entonces había empezado con diez personas dentro del colegio, filtró sus participantes con el pasar del tiempo hasta quedar sólo tres. Jorge junto con sus dos compañeros, Cesar Salazar y Mauricio Robledo se inventaron las muestra de teatro en el escenario de La casa flotante del sector El Bosque en Pereira que duró dos años aproximadamente. Eran ellos presentándose a las personas del sector y haciendo invitaciones, por lo demás, utilizaban mucho el espacio para pulirse como artistas de teatro.

El próximo lugar sería el barrio Alfonso López, en donde ensayaban sus obras. Por los años 2011-2012 se presentaban en otros lugares a nivel nacional, tales como Manizales, Medellín y Bogotá.

Como el apoyo es tan efervescente, los lugares tan difíciles de sostener y la economía tan poca, llega el espacio cultural llamado “Sala Estrecha” en el 2012, ubicada en el paradero de buses inter municipales Santa Rosa-Pereira, tras la iglesia Nuestra señora del Carmen. Empezaron a convocar grupos pequeños para que se presentaran, tales como La casa-de la abuela y Cicuta teatro

A partir de estas experiencias y de sus múltiples sensibilidades, surge la propuesta de la muestra de teatro alternativo como iniciativa de apoyo a los mencionados grupos de teatro emergentes, que tenían un alto potencial artístico. Una muestra que acaba de cumplir diez años con un cierre contundente el pasado 03 de Agosto. Después de haber presentado la obra El Jardín de las Víboras, directamente del Carmen del Viboral de Antioquia. Fue un festival que contó con la participación de grupos de teatro de Argentina como Medea73 , de México como el Teatro de los sueños con la obra Crack o el teatro sin nombre y varios grupos a nivel nacional.

Diez años del teatro salido de los lugares totémicos como los espacios institucionales de cultura. Decidieron darle fin, quisieron que fuera itinerante, contundente y bueno, además, la gestión de los recursos es difícil porque no hay apoyo suficiente al teatro, la muestra estaba tomando demasiada fuerza y de repente, se hace necesario generar un apoyo. Con sentida razón, durante la última muestra de teatro se realizó un conversatorio sobre el estado financiero y conceptual del teatro desde la vivencia colectiva de Sala Estrecha y sus vivencias particulares como artistas.

“El teatro es la vida, es expresar todo lo que uno tiene… más que el teatro es el arte en general, es un retiro a otras cosas que la cotidianidad no brinda”

Jorge mantiene su entereza. La vivacidad de sus acciones se manifiesta como las de un artista. Su trompeta lo acompaña últimamente a todo lado. Recordemos que es músico en formación de la Universidad Tecnológica de Pereira y que además, es activista político que participa actualmente de la guardia indígena en el municipio de Riosucio, de su tierra natal, el resguardo San Lorenzo.

 

Foto por: Diego Val

 

Hace algunos días, apoyó la manifestación que reclamaba el derecho a una vida digna junto con habitantes del sector de San Isidro en el corregimiento de Puerto Caldas-Pereira. Julián Motato, compañero contemporáneo de lucha, ha sido una persona muy significativa para él durante su proceso político. Articulado al Centro Comunitario El comienzo del Arco-iris, liderado por Hilda Luz Silva, otra líder social en Pereira. Motato y él contribuyen llevando música y teatro a la comunidad, avivando sus realidades al igual que se avivó la de él con el arte, con el teatro.

Durante la manifestación relucieron muchas cosas. Efectivamente, los lugares de “invasión” re territorializados por comunidades desplazadas por el conflicto están en su mayoría sobre vías férreas, que le pertenecían en la década de los 90’s a Ferrovías, la empresa estatal que rescataría el desfalco económico que dejaría Ferrocariles Nacionales. Un idilio prometió esta estatal frente a los atropeyos económicos de Ferrocariles nacionales pero cuya administración tampoco produjo ningún cambio sustancial. Esos 2.620 kilómetros de vías férreas entregados no fueron restaurados, no se conectaron las periferias ni mucho menos se aumentó la distribución de los cultivos internos en el país.

Jorge lo supo y por ahora apoya la mesa de negociaciones que discute en la Alcaldía este tema. Tocando su trompeta, siendo artista, este joven Indígena nacido el 18 de Abril nos dice que cuando el caudillo es joven el pueblo tiene fe. (Frase: Germán es el man. Santa Rosa de Cabal)

Dos poemas de Samuel Gil: la importancia de la soledad

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Crear un ser es decirlo


 

Se dice que la poesía celebra el misterio de la vida y crea la esperanza y el temor como ficciones supremas que potencia desde el lenguaje, crea la sensación de una eternidad dinámica que otorga vida a la vida, porque, desde el punto de vista hebraico, crear un ser es decirlo. El poeta que presento a continuación hace parte del Taller de Escritura y Lectura Creativa de la Universidad Libre de Pereira y el lector podrá hallar, en consecuencia, la seriedad risueña del estudiante que busca jugar con la realidad compleja de sus sueños y transitar un camino alternativo en el conocimiento de sí mismo.

Alan González Salazar

 

Fotografía por: Alan González.

 

Soledad


 

Nostalgia en el cielo

desprenden sobre mi

sus más sinceras lágrimas

¿Por qué se siente dolor?

¿Por qué hoy siento dolor?

Camino por el valle de la soledad

impregnado de recuerdos muertos

abandonados por forasteros de la vida

impregnados por dolor.

Guiado por mi confidente

escoltado por soledad

dice que hay cosas

por borrar.

No es fácil asimilar

la importancia

de mi soledad.

 

 

Antes


 

Tiempo antes de tu llegada

me encontré en ti

sin que tú lo supieras.

Ya te extraño

sin si quiera conocerte

sufro tu ausencia

pero aún te desconozco.

Cavilo en el sendero de mis pensamientos,

callo al exterior

lo que grita mi corazón.

Pero siempre está

esa sonrisa

que da calma.

Para ustedes, Con Gusto: nuestro tardeando recomendado de la semana

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Hablamos con el propietario Mauricio García y con el chef Carlos Mario Mejía quienes nos contagiaron de su carisma.


 

Información del lugar: Dirección, Horario y Atención al público

Lugar: Restaurante Con Gusto.
¿Qué es?: Alimentación saludable, deliciosa y nutritiva.
¿Dónde?:Calle 19 No 11-10 , Pereira Risaralda

¿Cuándo?: De domingo a domingo de de 8:00 am a 7:00 pm
¿Por qué ir?: Por su ambientación y diseño interior que hace sentir en casa al visitante. Por el mural arte que contiene unos versos de un poeta colombianos conocid y efectivamente por el sabor de sus productos y la atención.

Producto estrella:  Los combos familiar y mega familiar.

 

De visita a los lugares que hacen ciudad, estuvimos en “Con gusto”, un restaurante que promete por la atención, la calidad, el calor, la amistad. Un sitio recomendado para los amantes de los buenos espacios y sabores. En esta entrega, hablamos con el propietario Mauricio García y con el chef Carlos Mario Mejía quienes nos contagiaron de su carisma y a su vez, nos enseñaron sobre la actitud correcta para trabajar  en equipo, extendiendo una invitación a todos los ciudadanos y lectores de La Cebra que Habla para que los visiten.

 

Mauricio García. Foto por: Diego Val

 

Bienvenidos

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