martes, abril 28, 2026
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Microhistorias de Ciudad: Historias en la Acera

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Microhistorias de Ciudad: Historias en la Acera


 

Pereira ha cumplido 155 años de vida, y en la ciudad misma, por sus calles y edificaciones hay vestigios del pasado que nos cuentan su historia. Recorramos la Calle de la Fundación y observemos de otra forma este siglo y medio de existencia de la capital de Risaralda.

 

Bienvenidos


 

Santuario y los ecos del espacio

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Cada pueblo necesita forjar sus propios mitos.


 

De trochas y muchachas

“De mis padres, Jacinto y Rosenda, tengo un par de recuerdos que me acompañarán hasta la hora de la muerte: las  madrugadas de los sábados para rezar el Rosario de la Aurora y las caminatas a visitar  la emisora Ecos del Espacio, fundada en 1936 por un señor Rafael  Mejía durante el primer gobierno de Alfonso López  Pumarejo, cuando Santuario  era un pueblo de mayoría liberal”.

“El señor  Mejía realizaba todas las tareas: propietario, administrador, locutor, periodista y director. En la emisora  no solo se transmitían las noticias del pueblo. También las de Colombia y el mundo, porque don Rafael se  hacía llevar ejemplares de El Tiempo y  El Espectador. Aunque, la verdad sea dicha, a veces bastante trasnochados. Pero de esa manera uno se  enteraba de lo que pasaba en Estados Unidos, en Europa y hasta en China. Para esa época  yo  daba mis primeros pasos en la lectura y me asombraba ante esas letras grandes de los periódicos que empezaban a desvanecerse al contacto con los dedos”.

Pedro Guarín acaba de cumplir noventa años y tiene la memoria intacta. Le atribuye esa bondad a la lectura diaria de poesías de Rafael Pombo y Porfirio Barba Jacob, así como a un vaso de aguardiente Amarillo de Manzanares  que no abandona desde la primera vez que supo de los delirios del alcohol en una fonda caminera ubicada en la ruta hacia Apía.

“Era un adolescente y ya sabía  lo que era el miedo. El terror de encontrarse con cuerpos mutilados a la vuelta del camino, porque La Violencia ya había llegado a nuestras casas. Tal vez por eso me aficioné al aguardiente: porque ayudaba a templar los nervios y si uno le mezclaba un poquito de pólvora era todavía mejor.  El miedo lo abandonaba a uno al momento de atravesar una trocha oscura o de empelotarse  ante una muchacha”.

 

Foto por: Jess Ar

 

Durante setenta años Pedro se ganó la vida arreando recuas de mulas por andurriales bautizados con nombres como Peralonso y  Portobello, este último un puerto sobre el río Cauca en el que los comerciantes se aprovisionaban de  mercancías.

Por eso sabe tanto de trochas y muchachas.

 

Entre  uno y otro trago

Jacinto Guarín  se echó al coleto muchas botellas de Americana, la cerveza fabricada por Solón  Lenis Gartner desde 1938. Entre sorbo y sorbo escuchaba noticias y canciones de Gardel en un radio que su propietario, Alejandro Uribe Botero, instalaba en la ventana de su casa para que los parroquianos se enteraran de las noticias del mundo.

“Había que ver cómo la gente se amontonaba  frente a la ventana de esa casa”. 

 

Foto por: Jess Ar

 

Pedro Guarín evoca la escena y  vuelve sentirse acaballado sobre los hombros de su padre, mientras la voz remota del locutor hablaba de viajes por el río Magdalena, de los líos en que empezaba a meterse  Europa y de los discursos de líderes liberales  y conservadores que no tardarían en empujar a Colombia  hacia uno de los más tenebrosos abismos de su Historia.

“Con el paso de los años, Santuario se volvió un pueblo conservador, porque los liberales fueron asesinados o expulsados de sus predios. Se lo digo con pleno conocimiento, porque mis padres fueron víctimas de esa situación y por eso mi papá terminó arreando sus mulas  en las montañas de  Montenegro, Sevilla y Caicedonia”.

“Hasta el día de hoy, nadie   de mi familia volvió por esos lugares: Es mejor no ponerse a desenterrar malos recuerdos”

Sentencia  Pedro y se bebe de un salo sorbo un vaso  de aguardiente amarillo.

“Es en homenaje a  la vida,  a los desvelos y a la valentía de  mi viejo”, dice y se abisma en algún lugar del tiempo y del espacio imposible de precisar por ahora.

 

Foto por: Jess Ar

 

Cuando pa´ España me voy

Luis Eduardo es uno de  esos andariegos santuareños que han visto mundo empujados a partes iguales por la necesidad y  la ilusión

En 2001 viajó a España en un programa que tenía un nombre bastante pomposo: “Migración Laboral Temporal y Circular”.

En realidad se trataba de  jornaleros transnacionales que viajaban a recoger las cosechas de frutas en el sur de España, para ser devueltos a sus países de origen una vez finalizada la temporada.

“En una de esas  decidí jugarme la cabeza y me quedé viviendo en Valencia, trabajando en lo que me resultara: podando jardines, vigilando cuadras, pintando casas, montando llantas y haciendo mandados. Cualquier cosa con tal de mandar billete para el sostenimiento de  mi familia en Colombia”.

 

Foto por: Jess Ar

 

Es un hombre de piel morena y manos callosas. Luce una raída  gorra con el escudo del  Valencia Fútbol Club, el del célebre murciélago. Aunque nunca fue  al estadio, porque necesitaba ahorrar  el  dinero para enviarlo a su familia en Santuario, sí averiguó muy bien el porqué de la presencia del murciélago, o rata condenada, en el escudo de la comunidad valenciana.

“Aunque nunca tuve estudio, si he sido siempre un tipo curioso. Por eso me tomé el trabajo de averiguar  las razones para la presencia de ese animal tan temido por la gente en el escudo de Valencia”.

“Resulta que  en una leyenda se cuenta que el murciélago fue utilizado por el  rey Jaime I para recordar a un murciélago que evitó una derrota cerca de Burriana. La historia se parece mucho a otra mallorquina en la que el rey protegió a un murciélago que se encontraba en una de esas iglesias árabes… Mezquitas se llaman. Hoy es la iglesia de san Miguel”.

La ha narrado mil veces pero cada vez que la cuenta, la gente se arremolina alrededor de Luis Eduardo. Es su héroe. Un hombre que cruzó los mares decidido a rebuscarse la vida para garantizarle días  mejores a su familia.

 

Foto por: Jess Ar

 

Y la verdad es que lo consiguió. Compró una parcela  en la ruta hacia Tatamá y levantó una casa que es el orgullo del clan: allí se reúnen en las fechas especiales para comer sancocho, beber  cerveza  y pastorear los recuerdos que los antepasados les dejaron a modo de herencia. Esos recuerdos hicieron que varios valencianos, entre ellos Felo, Nela, Tiano, Quela, Orósia y Joanot  hicieran el viaje hasta Santuario y se quedaran  prendados de las  lomas del Tatamá y de los Planes de San Rafael. Siguiendo una vieja tradición de usar diminutivos, estos últimos fueron rebautizados por los españoles con el nombre de San Felo.

 

Los días del éxodo

Fueron tiempos duros. Tan duros, que según la Asociación América España Solidaridad y Cooperación ( Aesco), hubo  un momento entre 1998 y 2005 en el que al menos el diez por ciento de la población  de Santuario- totalizada en quince mil habitantes- estaba rebuscándose la vida en el exterior. En el Reino Unido, en España,  en  Francia y en Italia, se escuchaban pronunciar apellidos como Bedoya, López, Zapata, Ramírez y Mahmmud. Si, Mahmmud: en algún momento de la historia un viajero de origen moro y andaluz fue a plantar su simiente en esas remotas montañas.

“Se conjugaron varias cosas- declara un funcionario de Aesco  revisando los archivos de su computador- . Una de las periódicas crisis de la economía del café, sumada a las violencias del narcotráfico, los paramilitares y la guerrillas, acabaron por desencadenar una emigración masiva de habitantes de ese municipio hacia distintos lugares  del mundo. En nuestras investigaciones  encontramos hombres y mujeres trabajando en el sector industrial de Turín y  en aseo de edificios en Londres. Recogiendo frutas en el sur de España o acarreando bultos en el puerto de Marsella”.

“Fue tan grande el impacto de esa migración que durante al menos un lustro el pueblo sobrevivió de las remesas. Mucha  gente quisiera no hablar  de eso, pero las disputas familiares entre narcos de Apía y Santuario o la complicidad de algunos finqueros con el paramilitarismo acabaron por desplazar mucha gente hacia el exterior”.

 

Foto por: Jess Ar

 

La vuelta a casa

“Pero  gracias a Dios esos fueron otros días. Ahora Santuario se reinventa la vida y en eso tienen mucho que ver los recursos de quienes regresaron del exterior y se dedicaron a mejorar fincas y abrir negocios”, asegura la profesora Adriana, sentada en un recodo del camino que asciende hacia Tatamá.

“Por fortuna la vida sigue y cosas tan terribles como la toma del cerro de Montezuma por parte de la guerrilla quedaron atrás y  ahora son parte de nuestros aprendizajes”.

Menudita, nerviosa, Adriana escudriña el paisaje en busca de una nueva clase de pájaros para mostrar  a los visitantes. Nació en la vereda la Baja  Esmeralda y se sabe hija de cada árbol, de cada riachuelo, de cada temblor del aire.

“Mire: si en los tiempos de  La Violencia  la gente huía  de los pájaros, ahora los busca para fotografiarlos y filmarlos en video. Son viejos recuerdos que los extranjeros  se llevan a sus países y sirven para que sus compatriotas se animen a viajar

La mujer  cierra los ojos y se despacha con una lista que parece más bien un rosario alado: buhíto nubícola, terlaque andino, perico paramuno, periquito de los nevados, cotorra montañera, hormiguero occidental, tororoi rufocenizo, verderón chocoano, bangsia negra y oro, clorocrisa multicolor, dacnis turquesa, gorrión tangarino y montero verdeamarillo.

 

Foto por: Jess Ar

 

Los viejos peregrinos

Por estos días los santuareños estrenan tiempos de paz soñados por los viejos peregrinos cuando se hicieron al camino y se asentaron en estas montañas.

Los de hoy son los herederos de Jesús María  Lenis y Basilio Hidalgo, cabezas de un grupo de colonos que el 20 de junio de 1886, fiesta de Santa Librada en la liturgia católica, eligieron la junta encargada de dirigir la fundación del poblado. Dicen las crónicas que ese día se dedicaron a los rituales ya conocidos: trazar el perímetro de la plaza principal, demarcar los lotes y asignar su uso para la construcción del templo y la administración pública. Es decir el poder religioso y político.

Esas mismas crónicas dan cuenta de que las primeras viviendas edificadas fueron las de Alejandro Ramírez y  Nicolás  Bedoya, así como de las familias López  y Zapata. O al menos así aparece en los datos recopilados por el historiador Jaime Vásquez Raigosa.

En abril de 2018 setenta y seis santuareños entre jóvenes y adultos respondieron a la convocatoria de Santuario emprende, una iniciativa de la administración  municipal, con el acompañamiento de la Cámara de Comercio de Pereira, el Sena y distintas agencias del gobierno central.

 

Foto por: Jess Ar

 

Las ideas de los emprendedores pasan por terrenos tan disímiles como la agroindustria de las cadenas productivas conformadas por  mora, plátano, aguacate, cacao, cafés, lácteos, porcicultura y hortaliza, pasando por el turismo, las tecnologías de la información y la comunicación, así como los servicios ambientales , de comercialización y de servicios.

Sin ser muy conscientes de ello, los asistentes buscaban el camino de regreso a los días cuando personas como Solón Lenis  y Magdalena Nicholls gestaron las primeras empresas de la localidad.

O cuando Alejandro Uribe Botero, propietario del primer aparato de radio que llegó  al municipio, instalaba el prodigio en la ventana de su casa para que los habitantes del pueblo se enteraran de lo que sucedía en el mundo.

 

Dejemos hablar al viento

Trepado a unos mil quinientos de altura, cuando cae la noche, Santuario es un manojo de luces que miran  a veces hacia el camino por donde, al promediar los años veinte del siglo anterior, el primer carro Ford  llevado al pueblo partió a lomo de mula hacia Belén de Umbría por un camino de herradura, porque  todavía no había carretera.

 

Foto por: Jess Ar

 

Son cosas que cuenta el viento.

Que nos habla, por ejemplo, del día en que el comando “Jaime Bateman Cayón”, de la guerrilla M-19 intentó robar los dineros del Banco Cafetero. Tiempo después los policías del pueblo fueron condecorados con la medalla al mérito y al valor, a pesar de que nunca opusieron resistencia al embate de los asaltantes.

Pero cada pueblo necesita forjar sus propios mitos.

Mitos tan etéreos y tan sólidos a la vez como el del murciélago en el escudo de Valencia que todavía emocionan a los parroquianos cuando se sientan a escuchar la vida, obra y milagros de Luis Eduardo y su aventura como jornalero trasnacional.

 

Foto por: Jess Ar

Si el discurso sale muy malo, me disculpo de antemano: lo mío son los dibujos

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Caricaturista Mheo, recibió la Orden Cruz de los Fundadores en el campo literario. Este es su discurso de agradecimiento.


 

Hoy he venido a dar las gracias.

Gracias al señor alcalde, doctor Juan Pablo Gallo, y a su ilustre Concejo de Gobierno Municipal por la deferencia de otorgarme esta importante distinción que antes engalanó a personas de muchos más quilates que yo. Gracias a mis padres. Gracias por su buena puntería geográfica al escoger con tino a Pereira, esta maravillosa ciudad donde tuve la fortuna de nacer.

Gracias a mis maestros. Gracias a aquellos que por vocación y afecto y con esmero quisieron enseñarme sobre la hermosura de la lengua, la practicidad de las matemáticas, sobre accidentes geográficos y planetas, de los misterios del átomo y de las maravillas de la química, de las complejidades del cálculo y de la sinfonía celestial de la física. Gracias a todos ellos que quisieron y no pudieron.

Gracias porque me dispensaron su misericordia y soportaron con alcahuetería que mis cuadernos se llenaran irremediablemente de mamarrachos.

 

 

Gracias a mis amigos. A todos: a los de infancia y juventud y que aún son mis amigos; a los amigos de mi madurez. Gracias a ellos, porque en Pereira la palabra amigo está emparentada con la palabra hermano. Mi ciudad me dio la fortuna de tener muchos hermanos, aunque a mis padres solo les dio la fortuna de tener un solo hijo.

Gracias a los inventores de la Internet y del correo electrónico, porque ustedes, señores, sin proponérselo, me permitieron ganarme la vida sin tener que moverme de mi ciudad, para mí el mejor vividero del mundo. Que lo digan tantos hermanos bogotanos que vinieron a vivir a Pereira y ya son pereiranos. Algunos tal vez no se han dado cuenta porque siguen manejando como bogotanos.

Gracias a esta tierra, tierra de tantos ilustres: escritores, deportistas, hombres cívicos, empresarios, políticos, un presidente y hasta un viaducto con nombre de presidente. Gracias porque a mí, que no pude ser escritor, ni deportista, ni hombre cívico, ni empresario, ni político, ni presidente, ni mucho menos viaducto, me dio la oportunidad de ser caricaturista en El Diario del Otún, hoy llamado El Diario, a secas.

 

 

Gracias a mi ciudad, porque en ella la palabra movilidad social no es un concepto lleno de telarañas en el anaquel torcido de un sociólogo despelucado, sino que es una realidad vibrante para muchos. Y si nos lo proponemos, y con la ayuda de los jóvenes liderazgos que ya despuntan, sería una realidad para todos.

Gracias a esta ciudad, mi ciudad de subidas y bajadas, porque fue el escenario feliz donde me casé con una gran mujer, tuve una maravillosa hija y por muchos años disfruté de la ternura y el humor y de mi padre quien hace poco partió a la eternidad y hoy recuerdo con nostalgia y afecto. Hoy agradezco poder seguir disfrutando de la compañía y el amor de mi madre.

Como resumen, permítanme darle las gracias a Dios, el creador, por poder disfrutar hoy de todo lo que les hablé, por este honroso reconocimiento y por poder vivir con ustedes, mi familia y amigos, en este hermoso pedacito de tierra y cielo que soñaron nuestros padres fundadores y él nos dio por ciudad.

 

Algunas caricaturas de Mheo


 

Viejo mi querido viejo: Día del Adulto Mayor

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Al envejecer, la salud y la longevidad dependen en un 25% de aspectos físicos y en un 75% de aspectos conductuales


¿Cúal es el origen de este día?

Este día* fue establecido por las Naciones Unidas en el año 1990. La idea surgió como concienciación a la población de la importancia que tienen nuestros mayores en la sociedad. Debemos de colaborar con ellos e intentar hacer que sean felices y fomentar una sociedad más integradora y sociable con las personas mayores.

 

¿Qué se hace?
Es un día totalmente dedicado a las personas mayores. Cada país lo celebra de una manera diferente, pero la esencia es la misma, hacer que las personas mayores disfruten de un día en el que ellos son los protagonistas. Después de toda una vida entregada a su familia se merecen un gran reconocimiento por parte de toda la sociedad y sobre todo de toda su familia. El cuidado a los mayores es esencial para que puedan vivir más y mejor. Sólo necesitamos darles cariño, amor y sobre todo saberlos escuchar, que tan importante es para ellos sentirse comprendidos por las personas que más quieren.

Las residencias de personas mayores en las que viven muchas personas así como los ayuntamientos realizan muchas actividades dirigidas para las personas mayores de forma gratuita. Podrán participar en cada una de las actividades o si lo prefieren pueden estar en la zona habilitada para ellos observando los juegos o hablando con los demás. Siempre en esta zona existirá un grupo de personas jóvenes pendientes de ellos, por si alguno de los mayores necesita ayuda o se ponga enfermo.

 

Normalmente las actividades que se suelen desarrollar son:

Bailes: se realizan concursos de bailes en que los participantes tendrán que aplicarse para ganar a los demás. La música suele ser de las épocas de su juventud, por lo que disfrutan mucho. Esta actividad les traen muy buenos recuerdos.

Deporte para mayores: se realizan competiciones de deportes que no requieran un esfuerzo demasiado grande. Normalmente suelen jugar a la petanca.

Juegos de mesa: dentro de todas las actividades los juegos de mesa no pueden faltar. Se realizan diferentes torneos de cada uno de los juegos, por lo que podrán participar todas las personas que lo deseen. Entre los juegos más divertidos se encuentras: el parchís, la oca, los juegos de cartas, etc.

Juegos de casino: el juego rey de entre los juegos de casino es el bingo. Cada personas que quiera jugar tendrá que comprar los cartones que quiera a un precio módico, suele ser por poco coste. A partir del comienzo del juego, tendrán que ir señalando los números que tienen y podrán cantar línea o bingo llevándose el dinero correspondiente a cada una de estas jugadas.

Excursiones o paseos: algunos centros o ciudades realizan excursiones para mayores. Estas excursiones llevan a las personas mayores a la ciudad o lugar elegido por la organización y allí pueden visitar la ciudad y luego se agrupan para ir a comer todos juntos. Este día es muy agradable para ellos porque cambian de aires y conocen a gente nueva en el viaje. De estas excursiones suelen salir amigos que vuelven a repetir los años sucesivos.

Merienda: al finalizar todas las actividades desarrolladas durante el día, normalmente por la tarde suele realizarse una merienda en la que los mayores pueden degustar todo aquello que les gusta.

*Texto tomado de: Día-De

Viejo mi querido viejo. Autor: Piero


Fuente: Yotube

 

Ver galería completa de adultos mayores en Pereira y Risaralda


La ética en el contexto bibliotecario actual

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Ponencia presentada por Hernando López Yepes, el día 29 de agosto del año 2018, en el “Encuentro Regional De Bibliotecas Públicas del Eje Cafetero”, celebrado en la ciudad de Manizales.


 

El amor por la lectura debe hacer parte esencial de la existencia del bibliotecario; su valoración de la palabra y su interés por la cultura han de ser, en su conciencia, “un para siempre”. Sabe que la acción de servir les da sentido a nuestras vidas y, por ello, se prepara académicamente. Es consciente de que sólo puede servir “Aquel que sirve”; es decir, quien posee riqueza para dar.

Sabe que servir es conducir amablemente a los usuarios, respaldado en la autoridad que le confieren su formación, su experiencia y su determinación de ser un dinamizador de los procesos culturales de su comunidad. Ello le exige aproximarse al otro; escucharlo y compartir con él los espacios físicos, emocionales e intelectuales. El bibliotecario ético es un creador de espacios de encuentro, un tejedor de redes sociales, un cazador de sueños, un maestro de la escucha, un validador de la voz del otro.

Tiene conciencia de que para construir es necesario unir a las personas; huye de la solemnidad y de la rigidez psicológica que genera ambientes mortuorios o sepulcrales en las salas de muchas bibliotecas. Posee la comprensión de que las diferencias en el pensamiento no pueden convertirnos en personas ajenas o extrañas y, mucho menos, en antagonistas. Se empeña en contagiar a los usuarios su amor por la lectura y por la discusión colectiva de aquello que se lee. Es consciente de que la lectura de un poema o de cualquier texto literario exige mucho más que saber deletrear.

Al respecto, afirma Jesús G. Maestro:

“A la literatura hay que llegar leído; hay que llegar sabido; hay que llegar aprendido. Si nos acercamos a un texto literario sin haber recibido una formación, ese texto literario resulta ilegible. Y si no hemos vivido lo suficiente como para entender lo que allí se cuenta, lo hacemos en el desconocimiento de que la literatura no nos proporciona conocimientos, sino que los exige; ella exige del lector un conocimiento previo”.

 

Imagen extraída de: uax.es

 

Para leer una novela como “María” de Jorge Isaács, se hace necesario conocer lo que era Colombia hace cien años. El bibliotecario ético genera procesos de lectura, en los cuales son protagonistas los usuarios Camina al lado suyo y se esfuerza porque ellos se conviertan en sujetos de las experiencias intelectuales y culturales que estos procesos generan. Las personas que visitan su biblioteca saben que en ella se privilegia el valor de la reflexión individual y la discusión, sobre la asimilación pasiva de la lectura.

Es consciente de su valor “como estimulador del asombro”. Se esfuerza por asimilar e implementar en su biblioteca las nuevas propuestas y desarrollos de la bibliotecología. Está comprometido con el uso correcto de los últimos desarrollos tecnológicos; sabe que debe orientar a los usuarios en el buen uso de los mismos. Está dispuesto a abrazar lo nuevo y, también, a soltarlo cuando ello se convierte en un elemento dañino u obsoleto. Jamás deja de ser una parte activa y visible (muy visible) en el desarrollo de los procesos de cuyo cumplimiento es responsable.

Es un convencido de que no existe, en nuestro medio, una educación generalizada; de que se nos instruye y se nos educa de acuerdo con el espacio económico donde hemos nacido, y al cual se espera que pertenezcamos, desde el nacimiento hasta la muerte. Fomenta “encuentros de comunicación presencial”; anima a quienes participan en ellos, para que se expresen desde sí mismos y con un lenguaje propio o auténtico.

Tiene la convicción de que la elevación de la conciencia de su comunidad se fundamenta en el mejoramiento de los individuos. Sabe que hoy es necesario luchar por “un humanismo social con democracia”; por una forma de organización social que nos conduzca, a todos, a la creación y el acceso a una existencia donde la cultura sea el elemento fundamental.

 

Imagen extraída de: assets.metrolatam.com

 

Ejerce su profesión con espíritu de gestión; es creativo, en el ejercicio de sus tareas. Despierta en los usuarios la necesidad de generar respuestas comprometidas, frente a los retos de la exterioridad. Crea vínculos con la realidad social de su comunidad. Para lograrlo, acompaña a los usuarios en las acciones de empoderamiento colectivo.

Tiene la convicción de ser un educador de los grupos humanos dentro de los cuales cumple su misión. Se esfuerza por educarse y por educar en el valor de “la comunalidad”, a cambio de la acción de “la colectivización”. Tiene empeño en conocer las condiciones de vida, los anhelos y las luchas de los miembros de su comunidad. Nuestras bibliotecas son lugares donde se estimula la inteligencia y se ayuda a crear responsabilidad intelectual y conciencia de ciudadanía.

En ellas se discuten los problemas inherentes a la educación; los riesgos del uso de las drogas; la violencia familiar y social, el desarrollo y el ejercicio de la sexualidad, la pobreza, el desempleo y el futuro de las nuevas generaciones. El bibliotecario ético debe conocer la realidad de su comunidad; para ello está comprometido con la elaboración de un mapa o de una cartografía geográfica y humana que refleje las condiciones de vida, las necesidades y los anhelos del conglomerado humano con el cual desarrolla su labor.

Crea conexiones y redes de intercambio con otros centros bibliotecarios, procura generar un banco de libros electrónicos en su centro, con la intención de ampliar la oferta de servicios para los usuarios. En España se puede acceder, hoy, a 50,000 títulos de audio-libros para personas invidentes. El bibliotecario de hoy no espera a los usuarios, tal como lo hicieron los bibliotecarios de otros tiempos; sale de su recinto, en busca de ellos. Actúa con mentalidad gerencial, porque es consciente de que él es mucho más que un propagador del hábito de la lectura.

 

Imagen extraída de: lasoposiciones.net

 

Ha adquirido el compromiso de ser un animador de la lectura de la vida. El bibliotecario ético alerta a los usuarios sobre los riesgos que implica entregarse al poder del los medios masivos de información y entretenimiento. Respecto de este riesgo escribió el poeta Norteamericano Allen Ginsberg:

“Frente a las pantallas de los medios, el ser humano observa de qué manera surten y decoran su vacío mental”.

Quiero terminar esta propuesta con la afirmación de que todo bibliotecario está obligado a ser una presencia viva, un creador de esperanza, un sembrador de futuro.

Notas sobre el ejercicio de la literatura en Pereira

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Los pereiranos de la primera mitad del siglo XX concibieron la literatura como una herramienta pedagógica.


 

Una ciudad es una decisión de un grupo humano de compartir costumbres, creencias, prejuicios, aspiraciones y en general, modos de entender el mundo. En ese espacio compartido los objetos pasan de lo público a lo privado, intercambiándose sus propietarios con el paso de las generaciones. Uno de esos objetos es el libro. Los volúmenes que los integrantes de una comunidad han acumulado en sus colecciones personales, una vez sus propietarios desaparecen, están condenados a entrar y salir de las casas y a ser leídos bajo diversos conjuntos de creencias.

Aunque Pereira no es una sociedad en la que sus integrantes hayan creado una cultura del libro, han acumulado ejemplares que han configurado una suerte de influencia, en el sentido en que en términos generales, les lectores y los escritores han acabado leyendo lo mismo y por lo tanto, construyendo unas mismas ideas o concepciones en torno a la literatura.

Basta con recorrer los estantes de las librerías de usado para darse cuenta que hay autores y obras que predominan, mientras hay literaturas y escritores de los cuales es difícil encontrar ejemplares.

 

Colección Literaria: La Chambrana. Secretaría de Cultura de Pereira. Foto por: Diego Val.

 

Los esfuerzos por estatuir una cultura del libro en Pereira han sido individuales, aunque no despreciables.

Los pereiranos de la primera mitad del siglo XX concibieron la literatura como una herramienta pedagógica, como un instrumento para inculcar el amor por la patria y la voluntad de progreso. Esa literatura circuló sobre todo en periódicos y revistas, en las que aparecía además como una señal de civilización, para denotar el paso a estructuras sociales más complejas, luego de la colonización antioqueña. Es decir, subrayar el paso de una sociedad en la que prevalecían las diferencias sociales basadas en la riqueza a otra basada además en la educación.

No es un rasgo predominante en la literatura en Pereira el interés por ‘violentar’ la estética imperante. Antes que experimentar y proponerse búsquedas estéticas, pareciera que los escritores pereiranos aspiraran solo a ser aceptados y reconocidos por su comunidad. Su mayor osadía consiste en intentar imitar a la perfección escritores “que nadie conoce”.

 

Colección Literaria: La Chambrana. Secretaría de Cultura de Pereira. Foto por: Diego Val.

 

Los escritores pereiranos no creen que sus coterráneos puedan llegar a ser escritores de valía. Siguen creyendo que la literatura es propia de seres iluminados o sobrenaturales o que esta es una sociedad inferior, incapaz de creaciones originales y de pensamiento propio. Y es posible que no existan, pero antes es necesario adentrarse en el estudio y la lectura de las pocas obras que conforman el acervo literario de los pereiranos.

La publicación de obras inéditas de autores fallecidos es tan importante como la difusión de aquellas de autores nuevos. Puede que no por su calidad, pero sí porque contribuyen a determinar las estéticas predominantes en diferentes momentos de la historia en la ciudad. Puede ser, además, una manera de saber con alguna certeza si lo que se llama nueva literatura pereirana lo es por sus rupturas y sus exploraciones o solo por la edad de sus autores.

En Pereira hay lectores avezados, desdeñosos de la literatura escrita por sus coterráneos. La reacción hacia ellos no debe ser reprocharles una actitud que por demás es promovida por los propios escritores. Más bien debe plantearse el interrogante sobre el tipo de obras que se escriben y los mecanismos de circulación de estas, que si bien involucran la iniciativa estatal, dependen también de la voluntad de los talleres literarios, las bibliotecas, los festivales de literatura, las librerías y los medios de comunicación para conseguir una difusión efectiva de las creaciones locales, a la par con la de autores nacionales y extranjeros.

 

Colección Literaria: La Chambrana. Secretaría de Cultura de Pereira. Foto por: Diego Val.

 

Porque también es nocivo asumir que una obra literaria solo es apreciable en cuanto expresa y defiende los valores establecidos de una sociedad, como ocurre en el caso de Pereira. Eso implica renunciar en cierta medida a la autonomía que caracteriza al creador y relega a un plano secundario su reflexión acerca de la obra misma.

Publicar y comentar las obras de los escritores pereiranos de todas las épocas, posponiendo al máximo los juicios de valor, podría contribuir a entender aventuras literarias y a dejar atrás prejuicios que no hacen otra cosa que confinarnos a la precariedad, sin beneficio de inventario.

Es dañina la idea de que el éxito de una obra o la formación de una literatura depende de la iniciativa estatal. Una literatura se forma gracias a la manera creativa como se violentan las ideas y las palabras que legitiman modos de entender la realidad. Y el Estado es reactivo frente a toda violencia. Así que los medios están en la investigación, la conversación y la lectura juiciosa que cada lector y escritor haga de obras y acontecimientos literarios. A ningún Estado le agrada el pensamiento libre.

 

Colección Literaria: La Chambrana. Secretaría de Cultura de Pereira. Foto por: Diego Val.

Música pereirana contemporánea: Viva la Perla del Otún

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¡Viva la Perla del Otún! 


 

 

En este especial, y como un tributo a nuestra ciudad, La Cebra que Habla presenta algunas muestras de música contemporánea pereirana. Grupos, duetos, bandas, solistas, 100% pereiranos, que por medio de ritmos, estilos, expresiones artísticas y un gran talento dejan el alto la Perla del Otún en Colombia y en el mundo entero.

Bienvenidos


 

Serranía
Foto extraída de: Facebook.

SERRANÍA, desde el 2010 Edwin Hoyos Osorio, Daniel Andrés Cardona, Darío Franco y Orlando Cortés decidieron materializar su pasión por la música campesina y crear la agrupación Serranía. En el 2014 se les unió con el requinto Daniel Orozco.

Aunque interpretan muchas de las más reconocidas canciones de parranda, se han esforzado porque el grueso de su trabajo sean creaciones originales, inspiradas en la cotidianidad del campo y en los valores más íntimos de este tipo de vida.

Les gusta cantar historias, les gusta que se bailen sus canciones, su mayor alegría es conectarse con la gente y llevar un mensaje que resignifique el valor del campesino y su trabajo.
Con las letras de sus canciones han tratado de enviarle un mensaje de optimismo a los campesinos, resaltando su importancia para el país y para la vida misma.

 

Tránsito Libre
Foto extraída de: Facebook.

TRÁNSITO LIBRE formada en la capital Risaraldense en el año 1988, es la agrupación rockera más clásica de la región, su recorrido musical, les ha dejado varios éxitos que permanecen en la memoria y los corazones de millones de colombianos.

A lo largo de su historia, los integrantes de Tránsito Libre se ha preocupado por tener una excelente formación musical, lo cual les ha permitido crear y proyectar una música propia con líricas emotivas, influenciada por los ritmos clásicos del rock.

https://www.youtube.com/watch?v=a9KIun_T6W4

 

Papá Bocó
Foto extraída de: Facebook.

PAPÁ BOCÓ es una propuesta sonora de la ciudad de Pereira, que desde una exploración de las músicas tradicionales afro latinoamericanas, del litoral Pacífico y Atlántico (como: el currulao, bunde, abozao, cumbia, chandé y ritmos cubanos, entre otras), y de las músicas afro universales más contemporáneas (como: el reggae, soukus, salsa, timba, jazz, funk y rock, entre otras), propone una hibridación sonora que posibilita nuevos estilos y el acercamiento a nuevos públicos.

 

Alkilados
Foto extraída de: Facebook.

ALKILADOS es una banda de Pop Urbano creada en Pereira (Colombia), en el año 2011. Su estilo es una mezcla de los géneros Reggae, Pop y Urbano, que permeó el mercado musical latinoamericano1​ con el uso del Ukelele, (instrumento de cuatro cuerdas pulsadas, propio de Hawái, Tahití y la Isla de Pascua).

 

Rubiel Pinillo y Los Parranderos de La Florida
Foto extraída de: Facebook.

RUBIEL PINILLO Y LOS PARRANDEROS DE LA FLORIDA es una agrupación que lleva 10 años en los escenarios.

Hoy la vida le ha puesto un reto que ha asumido sin temor, al hacer parte de un proyecto musical con Carlos Elliot Jr. denominado “El blues de la parranda”. El primer sencillo de lo que será un álbum de 10 composiciones e interpretaciones a dúo mezcladas con el viejo blues de Elliot y el cancionero campesino cultivado por Pinillo trae dos canciones, Los secretos de Misael y El baile del ratón.

 

 

La Iguana
Foto extraída de: El Diario.

LA IGUANA nació en el Eje Cafetero colombiano en el año 2004. Actualmente está conformada por Fido (teclados y producción), Andrés Gota (voz lider y compositor) y Diego Idarraga (Percusión).Con un nuevo sonido pop de influencias urbanas colombianas, producido por ellos mismos, LA IGUANA se ha posicionado como una banda que se caracteriza por fusionar muy bien su propuesta musical con los diferentes ritmos y géneros que los han influenciado.

 

Medium
Foto extraída de: Facebook.

MEDIUM, nace en Pereira (Colombia) en el año 2007 con una propuesta de heavy metal latinoamericano. En sus letras se refleja una ideología con tendencia hacia una critica social, dada a la problemática que se vive en el país. En septiembre del año 2011 Medium publica su primer trabajo, el cual lleva como titulo “VICTIMAS DEL SISTEMA”. Medium ha participado en ediciones de diferentes revistas, entrevistas on-line, espacios de televisión y compilados nacionales e internacionales. Así mismo, se ha participado en festivales nacionales, en los cuales se ha compartido escenario con bandas de renombre internacional.

 

Savia Reggae

SAVIA REGGAE es una propuesta alternativa de música contemporánea apoyada en la mezcla de ritmos tradicionales colombianos con ritmos universales como reggae, funk, entre otros. Que interpretados con diversos instrumentos logran un estilo sonoro moderno y criollo.

El país de los ajíes y ajicitos

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Hay un hecho indudable, el ají sazona nuestras vidas desde antes que tengamos conciencia de las cosas.


 

Es casi seguro que México sea el mayor productor- y el más diverso- de chiles o ajíes, como los llamamos en esta parte del continente. Están encantados por esos maravillosos frutos que, en algunos casos, parecen cultivados por el mismísimo Satán, por lo rabiosos y endiablados que son. Por poco no los consumen crudos como desayuno, ¿o tal vez sí? Por lo pronto, me he enterado de que los cuates del norte le ponen chile a casi todo, desde postres hasta algunos tragos y cervezas. Posiblemente curan la resaca con otro tequila ‘enchilado’. Nosotros no somos tan sofisticados, el picante lo dejamos para el baile y otras cosas sabrosas.

México será el país de los chiles, con merecida justicia, pero Bolivia probablemente sea el paraíso de los ajíes y ajicitos. Me explico: si ya de por sí el ardoroso locoto (pimiento nacional por excelencia), a través de su derivado la llajua, acompaña diariamente nuestras comidas; así como la salteña –que es una empanada de carne y ají-, es la merienda habitual de media mañana; cerramos la jornada dedicados a los “platitos de la tarde” que, como habrán podido sospechar, son casi todos unos ‘ajicitos’, manjares de picante sazón.

Nunca había caído en cuenta de que la gastronomía boliviana gira mayormente en torno al ají, de la cantidad innumerable de platos y otras preparaciones que incluyen este ingrediente. Para empezar, muy temprano nos deleitamos con pucacapas paceñas, unas veleidosas empanadas de queso derretido y revestidas de tintura de ají. Antes del mediodía, es bueno saciar el antojo con unos rellenos de papa y carne con ají rojo, no muy picantes, aptos para toda la familia. Por la tarde, en un té a la inglesa, nunca deben faltar unos rollitos de queso con ají por dentro, sino el ágape parecerá una sosa reunión de viejitas que juegan a las cartas.

 

Ají seco, la materia prima, origen del sabor particular. Foto por: José Crespo Arteaga

 

Ay, aún tengo clavado en la memoria el extinto sabor de las empanadas ‘carmelitas’, con su embriagante aroma de queso y quilquiña que invadía la nariz al partir esas exclusivas masitas bañadas en ají colorado. Digo extinto, porque el espíritu de esa sazón pura ya se ha ido para siempre, junto con la dueña de las habilidosas manos. Tanta era la fama de esa empanada, que era normal emprender un viaje de una treintena de kilómetros, en la ruta al Valle Alto, con tal de atisbar un horno de barro junto a unas mesas a la orilla de la carretera. Decían que era la leña, que el agua, que la suavidad de la masa, para unas mágicas empanadas que nunca pudieron imitar.

Será la abundancia de ajíes que crecen naturales como la hierba en estas ubérrimas tierras, especialmente en el departamento de Chuquisaca, el origen de tan variadas gastronomías que atañen a este pequeño país en habitantes pero pródigo en creaciones culinarias. No me alcanzaría la vida para probar todas las recetas que caracterizan a todo pueblo, a todo rincón de nuestra accidentada geografía.

Mientras tanto, he aquí una somera lista de los platos más populares en los que brilla con luz propia la sazón elocuente del ají, sea en cualquiera de sus variedades o colores, dependiendo de la situación.

 

Puchero carnavalero. Foto por: José Crespo Arteaga

 

Dada nuestra plurinacionalidad cultural es bastante frecuente que existan confusiones en cuanto a los nombres y otras denominaciones. Así que no se me tranquen con los vocablos, todos tienen como denominador común una pasta o crema de ají molido que emparenta a todas las recetas pero las diversifica a la vez.

Partamos corriendo con un ají de patitas, de gusto adquirido porque no es apto para todos los paladares, adivinarán por qué. Para callar bocas, nada mejor que un suavísimo picante de lengua, o su variante el picante mixto, guisos que gozan de amplia aceptación. Si tienen el estómago ladrando de hambre cabe decantarse por un ají de panza o una ranga-ranga, idóneos para curar la resaca, aseguran los que saben. Si la carne es de sabor fuerte sabrán que es criolla y estarán ante un picante de gallina con todas las de la ley; si sabe algo domesticado lo más probable es que sea un picante de pollo, de esos de granja, eso sí, nunca he sabido la diferencia entre carne de gallina y de pollo.

Si el antojo les cae el jueves, no les quedará otro remedio que ir en busca de un fideos uchu o ají de fideos, un plato que se ha hecho tradicional especialmente en Cochabamba. Si va hasta la lejana Tarija exija un reluciente saice tarijeño o un ají de arvejas, pero con etiqueta marcadamente criolla que se la puede obtener en su mercado central. En esos días de mojazón y fiesta a toda traca, resulta inmejorable el puchero carnavalero, un saciante potaje de arroz, chuños, repollo y ají amarillo y adornado con unas bolas de durazno fruto de estación.

 

Sajta de papalisa. Foto por: José Crespo Arteaga

 

Si es de quedarse en casa, para no complicarse las cosas, siempre podemos preparar un saice de vainitas, un asado en olla o, un auténtico falso conejo, que sabe Dios por qué llamarán así a un guisado con carne vacuna. Si viaja a La Paz pida un fricasé – suculenta sopa con carne de cerdo, enormes chuños y maíz pelado- para que su estancia no sea ningún ‘fracasé’ de buenas a primeras. Si va hasta la capital de la república, es imperante que pruebe el mondongo chuquisaqueño o decantarse por unos chorizos criollos, adobados con ají, para chuparse los dedos.

Por mi parte, mi ajicito o picante favorito resulta ser la sajta de papalisa, un proverbial guiso preparado con unos tubérculos amarillos, charque y ají amarillo; al momento de servir qué mejor que un reguero de cilantro picado para potenciar el sabor y embargarse de su aroma tan evocador. Luego está el jaury uchi de Independencia, diríase el más puro de los picantes porque no lleva ninguna guarnición salvo unas papas blancas y unos bocadillos flotantes elaborados con flor de ceibo; herencia ancestral y familiar que sobrevive con esfuerzo. Después de una ración de estos regalos culinarios, si se cae el mundo, me da igual.

Y así podemos seguir en busca de otros platos donde está omnipresente el ají seco y molido. Sabores más raros como el ají de lacayote, el uchuku aiqueleño, el ch’ajchu, el pejtu de habas, el ají de lentejas, el ají de arroz, ají de trigo, ají de habas secas y otras recetas que seguramente estoy dejando fuera por simple desconocimiento o ignorancia. Qué más quisiera yo darme una vuelta por todo el país para seguir descubriendo sus sabores y demás sensaciones.

Hay un hecho indudable, el ají sazona nuestras vidas desde antes que tengamos conciencia de las cosas. Desde la tierra misma, pasando por el lecho materno, hasta el último bocado picante que nos llevamos a la boca.

 

Saice tarijeño. Foto por: José Crespo Arteaga

 


P.S. Tengo una teoría, posiblemente el ají sea el culpable de la pasión de los bolivianos por el baile, las danzas y otras manifestaciones. He aquí uno de esos bailes “picantes”, nacido en tierra caliente, precisamente.

Kalamarka – Raíces. Caporales

https://www.youtube.com/watch?v=QoZlkgUEcNA

Los fuegos de un Latino en Pereira

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La Cebra que Habla presenta este primer video, de otros que vendrán, donde Miguel Ángel Trujillo, el propietario y fundador de Latino, nos hablará de la historia, la tradición, la sazón y las recetas que prefiere en su propuesta de valor gastronómica.


 

Miguel Ángel Trujillo es un aprendiz de cocina colombiana que se ha dado a la tarea de viajar y buscar los sabores de la gastronomía latinoamericana, para implementarlos y ofrecerlos en su restaurante llamado “Latino”. Una visión que adquirió desde su infancia, y que ahora lleva a cabo con persistencia, color y sabor desde su espacio ubicado en la Cra 15 # 18-16 Pereira, donde cientos de buenos paladares acuden.

La Cebra que Habla presenta este primer video, de otros que vendrán, donde Miguel Ángel Trujillo, el propietario y fundador de Latino, nos hablará de la historia, la tradición, la sazón y las recetas que prefiere en su propuesta de valor gastronómica. Esperamos que pueda compartir con otros esta entrada, para que conozcan que Pereira es la capital del eje, pero también el lugar donde un Latino cuece con sus fuegos  lo mejor de la comida regional.

 

Bienvenidos


Información del lugar: Dirección, Horario y Atención al público

Lugar:Latino

¿Qué es?: Restaurante comida de autor.

¿Dónde es?: Carrera 15 # 18-16, Pereira, Colombia

¿Cuándo?:  Lunes a sábado de 8 am a 4 pm.

¿Por qué ir?: Por su innovadora manera de preparar y presentar la comida típica del Pacífico Colombiano.

Sugerido: Encocado que es un guiso de pescados y mariscos en leche de coco y  la sopa pirata.

 

Ver: Los fuegos de un Latino en Pereira


Una piedra en el camino: símbolos de vida

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El artista alemán Gunter Demnig nos pone las piedras en el camino, en forma de placas de bronce labrado, para que nuestros pensamientos no sean llanos, para que nos cuestionemos


Por: Juliana González Ríos

 

En el silencio de los andenes nos topamos con unas placas de bronce. Un adoquín dorado con letras talladas. Una marca serena, aferrada al concreto. Una placa que nos pide que no olvidemos. Que recordemos a María en España, a Fanny en Alemania, a Benjamín en Hungría, y a otros millones más.

El horror de la Segunda Guerra Mundial no consistió en el gran desarrollo de la industria armamentista de Alemania o de Estados Unidos. Fue el deterioro de una sociedad, en este caso de la alemana, que consintió, por desidia o por miedo o incluso por verdadero convencimiento, que la humanidad se podía tasar.

Y en nombre de la eficiencia, tanto aquellos que graduaron los precios como los que recibieron la lista, trazaron mapas europeos usando las vías existentes de los trenes para transportar a aquellos deportados que, por cuestiones de raza, orientación sexual, política o religiosa fueron considerados inferiores.

Al  mismo tiempo, llevaron la luz eléctrica a los campos de concentración para comodidad de los oficiales.

Nadie se cuestionó si esos que rotularon de judíos, gitanos, Testigos de Jehová, homosexuales, proletarios, podían ser señalados de manera anónima, grupal, masiva, como los causantes de la bancarrota económica y moral de la Alemania disminuida en la Primera Guerra Mundial.

 

Dos placas en la calle Sophie nr. 33 de Berlin en las que se lee: „Aquí vivió FANNY SESSLER, nacida BINDEFELD, en 1895. Deportada el 4 de marzo de 1943, asesinada en Auschwitz. Y en la del lado: Aquí vivió ISIDOR SESSLER nacido en 1927, deportado el 4 de marzo de 1943, asesinado en Auschwitz “. Foto por: Juliana González Ríos.

 

El verdadero horror llegó en la forma más orgánica posible: hacer el trabajo bien, ser el buen ciudadano, sin preguntas.

La filósofa y teórica política alemana de origen judío, Hannah Arendt lo describió magistralmente en su libro Eichmann en Jerusalén. El subtítulo de esta obra resume la esencia del problema: “estudio sobre la banalidad del mal”.

Y es que no hace falta estar loco o sufrir un choque emocional o estar bajo presión para acometer actos de barbarie. Para ascender en la escalera laboral, para no ser señalado socialmente, hay que ahorrarse los cuestionamientos. Y éste es el drama que se deriva de la asepsia: de eliminar nombres, apellidos, fechas de nacimiento, historias de vida y lugares de origen.

Y de ahí que esas placas doradas que nos miran desde el suelo, irrumpan en la planicie del asfalto. “Tropezamos” de repente con una vida condensada. Con una mujer que cambió de apellido al casarse, que tuvo hijos que fueron también deportados, como ella, que padecieron sufrimientos de humillación, de persecución, de desalojo y de confinamiento en los campos de concentración, y asesinados.

La mayoría de quienes están grabados en esas placas conmemorativas, no contaron con la suerte de salir vivos de ese infierno.

 

Fachada de uno de los tantos edificios de Berlín, donde en el piso de la entrada se encuentran placas conmemorativas que recuerdan a sus habitantes condenados al infortunio de los campos de concentración. Foto por: Juliana González Ríos

 

“Aquí vivió”… Así arranca una historia que cabe en 10 centímetros cúbicos, pero que nos deja pensando por largo tiempo en la vida de esa mujer, de esa calle berlinesa, de esa casa del número 33, que tuvo la desdicha de haberse dejado empadronar, de haber sido acusada por su vecino, de haber quedado, por caprichos del poder, del lado triste de la historia.

Todo eso con la misma banalidad con la que se traza un sistema eficiente de transporte para que igual acarree humanos que troncos de árboles. Con la misma banalidad de quien comenta que a la familia del lado nunca la ha visto en la misa del domingo.

El artista alemán Gunter Demnig nos pone las piedras en el camino, en forma de placas de bronce labrado, para que nuestros pensamientos no sean llanos, para que nos cuestionemos, para que tropecemos una, dos y hasta más de cincuenta mil veces en los relieves de la memoria. Para que no olvidemos, para que no repitamos el error de rodar por el mundo sin recordar los nombres y apellidos de aquellos desdichados a los que la violencia les arrebató la vida, para que la historia se cuente desde el infortunio de la víctima y no desde la tribuna del perpetrador.

Las “Stolpersteine” (piedras del camino) de Demnig sintetizan el poder de los símbolos en las ciudades como antídoto contra la banalidad y contra la amnesia. Las intervenciones urbanas enclavadas en la cotidianidad nos invitan a repensarnos como individuos y como sociedad.

Las culpas y los duelos colectivos son parte de una misma mitología. El dolor es personal, el sufrimiento infligido es personal, el llanto es personal. Pero son los mitos fundacionales, son los ejercicios de memoria, son los monumentos y las instalaciones artísticas, las que sostienen ese tejido social y las que nos permiten aprender, a empujones y a tropezones, a seguir adelante, sin temor a preguntar.

 

nueve placas que recuerdan a varios miembros de una familia que vivieron en la casa al lado de la iglesia y desde donde fueron sacados a la fuerza, luego de que se pusiera en marcha el plan de la „Solución Final“, que consistía en aniquilar hasta el último de los enemigos del estado alemán en Europa. La gran mayoría de las víctimas fueron ciudadanos europeos practicantes del judaísmo. Foto por: Juliana González Ríos.

 

Colofón: un ejercicio similar en Colombia nos permitiría entender el significado de tener más de siete millones de víctimas del conflicto interno. Hombres y mujeres siguen siendo asesinados por defender los derechos de sus comunidades y por oponerse a la insaciable hambre de tierras de sus verdugos, ante la mirada pasiva de un amplio sector de la sociedad que ha perdido la cuenta del número de masacres y asesinatos selectivos.

El país deberá tropezar en sus piedras, esas que nos cuentan la historia del que “aquí vivió” y “de aquí se lo llevaron”,  hasta entender al fin  que hace rato tocamos fondo.

Berlín ( Alemania) 28 de agosto de 2018