Se sostiene como hipótesis que en la primera mitad del siglo XIX se realizó un gran esfuerzo por parte de políticos e intelectuales para construir los cimientos de la nación colombiana.
Texto extraído de: Scielo
Entre el 17 y el 27 de julio de 1910 se celebró el primer centenario de la independencia de Colombia; durante esos días se brindó un gran espectáculo con el que se desplegó una pedagogía cívica de la patria. En este sentido, esta conmemoración estuvo acompañada de un uso público del pasado que privilegió lugares, hechos y actores específicos e impuso las narraciones sobre el 20 de julio de 1810 como hechos fundacionales de la república de Colombia.
En este contexto, también se afianzó un relato histórico en el que se rindió tributo a Simón Bolívar como héroe de la independencia, junto a él se presentaron otros protagonistas de la región andina del país como Camilo Torres, Antonio Nariño, Francisco José de Caldas y Policarpa entre otros. Paralelamente a la exaltación de los personajes que forjaron la independencia frente España, se realizó un gran homenaje al español Gonzalo Jiménez de Quesada, como uno de los conquistadores de la sabana de Bogotá, pero sobre todo se rindió tributo a España, desde donde se envió una delegación para que participara en este festejo patriótico, en representación de la Madre Patria.
Con esta conmemoración se realizó, entre otras cosas, una representación simbólica de la fundación de la república de Colombia, que incorporó el legado español como elemento central de la nacionalidad colombiana.
Partiendo de este hecho vale la pena preguntarse: ¿qué factores propiciaron que la valoración de lo hispano y el culto a Bolívar ocuparan un lugar primordial en la memoria de la independencia colombiana que se impuso con la celebración del centenario del 20 de julio en 1910? Este artículo responde esta pregunta y para ello realiza un análisis de la construcción de los relatos históricos de la independencia en la primera mitad del siglo XIX, su incidencia en la formación de los héroes y en la valoración de España como parte de una memoria histórica dominante en la fase inicial de construcción republicana.
Se sostiene como hipótesis que en la primera mitad del siglo XIX se realizó un gran esfuerzo por parte de políticos e intelectuales para construir los cimientos de la nación colombiana, y para ello instrumentalizaron la memoria y los relatos de las guerras de la independencia para crear los héroes fundadores de la nacionalidad. En dicho contexto se exaltó a Simón Bolívar como el libertador, pese a que algunas narrativas lo acusaron de traicionar a la patria; en circunstancias similares se introdujo el legado español como fuente de nacionalidad y civilización de la nueva república que se construía, pese al rechazo que muchos ilustrados de la revolución sentían por lo hispano, que asociaban a la fuente de todo lo malo que arrastraba la república.
Imagen extraída de: cdn.colombia.com/
Partiendo de lo anterior se sostiene que la construcción de un relato fundacional de la independencia de Colombia no tuvo como objetivo principal posicionar el 20 de julio de 1810 como día de la independencia nacional de Colombia, sino atribuir este acto fundacional al esfuerzo heroico de algunos personajes que por su participación en el proceso de emancipación merecían ser convertidos en héroes de la independencia.
En este sentido, comenzó el proceso de construcción heroico de Simón Bolívar, quien se perfiló como libertador de la Nueva Granada. Sin embargo, esta construcción heroica se convirtió en un campo de batalla simbólico en el cual se contrapusieron otros relatos en el que Bolívar personificaba la traición a los valores republicanos.
Además, en la medida en que se construían los héroes y el relato fundacional de la república colombiana, políticos e ilustrados contrarios a las ideas revolucionarias evocaron una memoria del legado hispano de diferente manera, unos para definir la república como una consecuencia del legado y civilización española, especialmente del catolicismo, visto como el precursor de los valores de la libertad igualdad y fraternidad que pregona el republicanismo, y otros para atribuir la anarquía a las jerarquías y privilegios sociales que se fomentaron en el colonialismo español.
Estas posturas de intelectuales y políticos prefiguraron los relatos de la independencia de la primera mitad del siglo XIX, haciendo especial énfasis en Bolívar como héroe de la república y del legado hispano como componente fundamental de los valores republicanos y nacionales.
Para la comprobación de esta hipótesis se han utilizado varias fuentes, entre las primarias, las publicaciones de algunos políticos e intelectuales de la primera mitad del siglo XIX, quienes reflexionaron sobre la creación de la república y el Estado nación; así mismo se han utilizado las publicaciones en prensa de la época, donde aparecen artículos y discursos de importancia en la configuración de estos relatos de la independencia. También se ha utilizado un buen número de fuentes secundarias que se han examinado en conjunto con las primarias.
El Festival Departamental de Artistas por la Paz se constituye como actividad cultural y cívica en la Región con una trayectoria de 3 años consecutivos y la célebre frase de Gabriel García Márquez al recibir el premio Nobel de Literatura: “nuestra respuesta es la vida”.
Imagen extraída de: Facebook
La ciudad de Pereira volverá a ser el escenario central del IV Festival Departamental de Artistas por la Paz a llevarse a cabo del 18 al 21 de julio del presente año, y vuelve con la premisa de la vida como eje central de su cuarta versión en un panorama político y económico revelador para el país.
El Fedearpaz se ha fundado a través de los años como un espacio de convergencia ciudadana en torno al arte y la paz, entendiendo la paz como la construcción de una identidad cultural y una memoria colectiva de los acontecimientos históricos para la construcción de la paz y el perdón.
El esfuerzo denodado de diversos sectores sociales y culturales por construir el Fedearpaz, cada año encuentra un nuevo reto y una motivación constante, y es la de sensibilizar a la comunidad sobre el concepto de paz que se tiene a través del arte como expresión de las luchas sociales y políticas que se tejen en el país y en la región.
Incentivar el arte y la paz por medio de actividades como el teatro, exposiciones artísticas, la creación de murales, gala de poesía y música folclórica, rock, metal y rap; para brindarle un espacio al artista en el cual pueda expresarse y dejar un mensaje de paz y de conciencia social, es uno de los principales propósitos del festival.
Además la región y el país necesitan con urgencia espacios de diálogo en relación a la Paz, de conocer y respetar la perspectiva del otro, y es por eso que el Fedearpaz también se concibe como una propuesta para establecer ambientes académicos y de participación ciudadana.
La IV versión del Fedearpaz contará con la participación de poetas y artistas de reconocimiento regional y nacional, conciertos de cierre para cada día, obras de teatro, foros y conversatorios en relación al contexto social y cultural para la construcción de la paz que se realizarán de manera gratuita.
Ahora que el país atraviesa un nuevo giro en su historia, el Fedearpaz es la excusa para celebrar y memorar la vida, para construir la paz a través del diálogo y la cultura, y el festival le extiende una invitación a toda la ciudadanía para que sean partícipes de esta ocasión para darle un sí a la vida.
Programación
Para mayor información del Festival: [email protected] * Tel: 3158673704 * @fedearpaz
habrá que ver la forma en que intentará solventar el Presidente Iván Duque el opinómetro, esta manía de andar señalando cómo se debe hacer todo, o cómo se habría hecho mejor
Se acabó el mundial de fútbol, ese gran sedante colectivo que llena de entusiasmo a millones de habitantes en el planeta y parece limar las asperezas y desencuentros de tantas vidas, así sea por el corto período de un mes cada cuatro años.
Los Estados nacionales surgidos en la modernidad y en plena crisis en medio de la extensión global de los intereses económicos de las grandes corporaciones, parecen aferrarse nostálgicamente a sus hegemonías, que reviven en las fieras disputas futbolísticas entre los seleccionados de los distintos países.
No obstante todo tiene su final, y esta semana, terminada la agitación en la opinión pública, en función de los partidos y sus comentarios, caeremos de lleno en la realidad.
Imagen extraída de: Pixabay.
En Colombia, por ejemplo, si en el periodo mundialista ya estaba como telón de fondo la política, ahora nos caerá de pleno el peso de los resultados: una gran polarización que amenaza con saturar los cuatro años del período del Presidente electo, en el que cada bando intentará atacar y defenderse, alternativamente, haciendo uso de acusaciones y comentarios agresivos y altisonantes.
La “faena”, entre los sectores de izquierda y los partidarios del gobierno, arrancó con mucha fuerza con ocasión de las visitas no oficiales que el Presidente Duque realizó a los Estados Unidos y a España, y se incrementó a partir de los nombramientos que ha ido anunciando en su cuenta de Twitter.
Parece insensato pero así será durante estos cuatro años: padeceremos el síndrome de la campaña interminable. No obstante el nuevo estatuto de la oposición, que obliga a los partidos contrarios al gobierno a organizarse para llevar a cabo sus actividades de control y debate político, el tono de los grupos que acompañaron al candidato perdedor en la segunda vuelta puede anticiparse como un permanente y poco razonado antagonismo.
Fotografía extraída de: colombiainforma.info
En ello, es posible reconocer el tipo de oposición que llevó a cabo el expresidente Álvaro Uribe al gobierno Santos, lo cual indudablemente redundó en su baja popularidad y lo desgastó hasta el punto de llegar a convencer a una buena parte de la población de que esta había sido la peor administración en la historia de Colombia.
A pesar de la presión política y de opinión pública, que fue poco objetiva y desproporcionada en relación con la gestión del mandatario saliente, Santos logró sortear el ambiente de impopularidad y llevar a cabo muchas de sus iniciativas, y entrega el país con un balance que, si bien no es destacado en todos los aspectos, tiene muchos logros rescatables, pero, sobre todo, no constituye la debacle que nos estuvieron anunciando durante todos estos años.
Así las cosas, habrá que ver la forma en que intentará solventar el Presidente Iván Duque el opinómetro, esta manía de andar señalando cómo se debe hacer todo, o cómo se habría hecho mejor. Duque no es Santos, ni Petro y sus seguidores son Uribe y su grupo, pero, salvadas las características que los puedan diferenciar, se puede afirmar que en la manera de ejercer la oposición se parecen y bastante.
He aquí una radiografía de un cáncer institucional que necesita una seria quimio o radioterapia, para encontrar su sanidad social. ¿y cuál es ese tratamiento en palabras prácticas? ampararse bajo las leyes colombianas que protegen al ciudadano.
Hace años leí el libro “Papelucho en la clínica” de la escritora chilena Ester Huneeus Salas (1902-1985) cuya trama simple es la de un pequeño llamado “Papelucho” quien mientras su mamá y hermanita recién nacida duermen ,se hace amigo de un niño enfermo dentro del pabellón, jugando a intercambiar identidades, para al final ser confundido con el otro niño y operado quirúrgicamente por error. Un drama narrativo no muy distante de la realidad de millones de pacientes en Colombia, que en este caso no son confundidos, sino mal atendidos, y en el peor de los casos, no atendidos por las clínicas u hospitales del país.
Así entonces,“Y nos robaron la clínica”, del médico y ahora escritor, Emilio Alberto Restrepo es la nueva novela que lanza al mercadoSílaba (2018) en su serie “Trazos y Sílabas” y que habla precisamente de esto. De las clínicas y cuidados primarios que por derecho fueron en otro tiempo de los ciudadanos y que ahora por decreto, son de los “otros”, es decir, de los empresarios, esos seres de manos y bolsillos grandes que manejan la salud de millones de pacientes según cifras y no intereses sociales.
Frente a este libro nadie debe asustarse ni caer en pesimismo, (Sí, nos ha robado ¿pero qué podemos hacer? Nada), ya que en realidad este sugestivo título (y contenido) trata de algo que pasó y sigue sucediendo, especialmente en este tiempo donde empresas como Medimás, Audifarma y otras tercerizadoras de la salud están en el ojo del huracán por un lado, y en ojo de la Contraloría General de la Nación por el otro, debido a serias irregularidades económicas, por no decir “desordenes administrativos”.
Fotografía por: Diego Val.
Pero centrémonos en este nuevo libro, porque este thriller corporativo, o crónica novelada, como la llamó el narrador antioqueño Gustavo Colorado Grisales, retrata por medio de la ficción la realidad de millones de personas que sufren la precariedad de la atención básica en materia de salud. Personas que, sin exagerar, ruegan para que les sea aprobada ciertas cirugías riesgosas, o el obtener medicamentos que los funcionarios de las EPS llaman, “post”, es decir, que no son gratis para ciertos estratos sociales y deben salir del bolsillo del, o los dolientes.
Me llama la atención la prudencia de Emilio Alberto Restrepo al decir que:
“Esta novela está basado en una serie de casos y asuntos que parecen tomados de la vida real, pero son producto de la imaginación del autor”.
Tiene el derecho de incrustar esta señaletica en la entrada de su libro, sin embargo, como dice el dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht:
“Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad”. Así de simple.
Aunque al aventurarse a entrar en esta lectura de 199 hojas, uno puede “intuir” sobre qué, o de quiénes trata el asunto sin que se usen nombres reales. Por eso hay que hace dos cosas con este libro: leerlo y releerlo, ya que más allá de entretener, (y un escrito de este tipo busca más que eso) he aquí una radiografía de un cáncer institucional que necesita una seria quimio o radioterapia, para encontrar su sanidad social. ¿y cuál es ese tratamiento en palabras prácticas? ampararse bajo las leyes colombianas que protegen al ciudadano como el artículo 48 de la Constitución Política de Colombia, o el artículo 152 de la ley 100 de 1993, entre otras legislaciones que permiten reclamar lo justo y acceder a un servicio básico universal: el restablecimiento digno de la salud.
Fotografía por: Diego Val.
Las palabras finales del autor de “Y nos robaron la clínica”, son el bisturí con el que operaron a Papelucho en una sala quirúrgica:
“Después que todo se vino abajo, las cosas nunca volvieron a ser las mismas. Ninguno de los que alguna vez tuvimos que ver con el proyecto de la Clínica salimos intactos del proceso; habían pasado demasiadas cosas… en ese lapso, casi todos perdimos, solo unos pocos logramos ganar algo, pero pusimos mucho en juego durante el camino y dejamos jirones de carne y sangre en el camino”.
Esta nueva novela de Sílaba Editores 2018no tiene moraleja (y que bueno que no la tenga), pero una frase sacada del Quijote (II 30) y que usamos a menudo en nuestro lenguaje: “Tanto va el cántaro al agua, que a final se rompe”, define muy bien todo: el que juega con la salud, como lo están haciendo los mercaderes de la medicina y los médicos sin ética, finalmente correrán el peligro de tener sendos problemas y serias consecuencias con la ley.
La Contraloría General de la Nación ya tiene su mirada puesta en esta problemática del país, y Sílaba Editores, con este libro de Emilio Alberto Restrepo, se anticipó poniendo la lupa en un delicado asunto que atañe a todos.
Carol solo recuerda que contó sus ahorros. Pidió la bendición a su madre Lorena. Lloró antes de salir y se dirigió hasta la frontera con dos maletas pequeñas entre sus manos.
Como el viento, -o como un raro viento, según ella-, Carolina “Carol” Mendoza, fue traída desde Cúcuta hasta Pereira, después que le hablaran bien de esta ciudad, cuando aún vivía en Venezuela.
“Vale. Me dijeron que Pereira es bonita, tranquila. Que tiene un gran puente. Que la gente es muy emprendedora. Que hay plata. Por eso me vine sin pensarlo dos veces”.
Ella es de Maracaibo. Esa ciudad paradisíaca que ahora se ha convertido en un fortín político que ha arrasado con el buen turismo. Cuando Carol recuerda cómo era antes su ciudad, y cómo es ahora, se siente nostálgica. Frente a esa situación, y apenas como estudiante de secundaria, se sintió (en su momento) como un pequeño papel lanzado contra un huracán, es decir, impotente, porque ella, su hermano, y su madre, constituyen una pequeña familia, de las miles y millones que sufren el drama del hambre, la desesperación, la falta de trabajo y el temor de un gobierno chavista impredecible.
Con tan solo 18 años, 1.65 de estatura, bonachona, ojos negros azabache, y una actitud de mujer adulta, esta joven le “echó pichón” a la vida, pues, debía hacer algo para sobrevivir ya que la situación no daba espera.
“Mira, en Venezuela la gente se está muriendo de hambre. Hay que hacer largas filas para poder tener algo que comer. Chamo. Eso no es vida ni allá ni en ningún lado. Caray. Tuve que tomar decisiones”.
Foto extraída de: Facebook.
Para ser una jovencita que recién, por ley, alcanza la mayoría de edad, cualquiera al oírla, siente que está empapada de la realidad política del país y su actitud de mujer despierta, inteligente, “echada pa´lante”, se sobreentiende que es propio de la idiosincracia de los venezolanos, aunque algunos creen que se debe al espíritu de supervivencia que deben ejercitar.
Hasta ese entonces, o hasta el año 2017, las opciones estaban sobre la mesa: robar para comer, prostituirse para sostener a su familia, o simplemente emigrar de su tierra natal buscando una mejor oportunidad. Las primeras opciones no son un drama común, son los oficios a los que se ve obligado el pueblo a recurrir para sostener un hogar, ya que el salario mínimo en Venezuela es de 1 millón de bolívares, el equivalente a 35 o 40 mil pesos colombianos mensuales, y con lo cual se puede comprar dos perros calientes y una gaseosa.
Carol solo recuerda que contó sus ahorros. Pidió la bendición a su madre Lorena. Lloró antes de salir y se dirigió hasta la frontera con dos maletas pequeñas entre sus manos. Decidió venir a nuestro país un 26 de enero del 2018.
En su país se habla de Colombia como si fuera ese primo hermano que no puede negarle nada a su pariente. A raíz del fervor por el general Simón Bolívar, la gente dice: “Acá nació Bolívar, pero allá (en Colombia) murió”. Y ese es el enlace que tienen con nuestro país, sin mencionar otros elementos culturales como la arepa, el Joropo, la música y las mujeres, quienes, según ellos, son casi iguales.
Carol llegó inicialmente a Cúcuta, la frontera con San Cristóbal, Venezuela, y encontró trabajó en el negocio de las divisas. Sin embargo, era un trabajo que no satisfacía sus necesidades, ya que antes de venir a trabajar para comer, vino con la visión de ahorrar dinero para mandar por su madre y su hermano, pero no por su padre. Hombre, que según ella la engendró, pero que no merece llamarse padre porque cuando tuvo dinero se olvidó de la familia, consiguiéndose una “chamaquita”, siéndole infiel a su esposa, y abandonando a sus hijos a la suerte del hambre.
Foto extraída de: Facebook.
Al llegar a Pereira se instaló a vivir en el barrio Samaria donde otros venezolanos la invitaron a hospedarse. Allí, cuenta, dormían apiñados.
“Como sardinas. Chamo. Usted no podía mover un pie. Además la inconformidad de ver, o escuchar, como tus amigos hacían el amor al lado de una. Es terrible”.
Ante tal situación y buscando su objetivo de salir adelante, salía todos los días al centro a buscar trabajo. Las primeras ofertas que surgieron fue vender planes de celulares de la empresa bogotana ETB. Pero el sol hizo que Carol quedara con su piel color “camarón” y desistió. Luego se presentó donde un señor en la calle 12 con carrera 8ª que le prometió buenas ganancias si vendía tinto, panes, empanadas y cigarrilos. Además, dice ella,
“El bicho me dijo que yo era bonita y que ese era el requisito para vender café”.
Al final, luego de voltear “como una pelota”, le hablaron de un almacén de chinos cerca al parque Lago Uribe Uribe, donde se presentó un día jueves a las 9 de la mañana y fue contratada.
Foto extraída de: Facebook.
“El chino, antes de mirar mi hoja de vida, lo primero que dijo fue que no contrata chicas feas. Que deben ser bonitas y que sepan bailar reguetón. Así que sin ni siquiera mirar mi hoja, chamo, me contrató”.
Eso nos dice cuando hablamos con ella en el parque El Lago, luego de trabajar un mes allí “con el chino” y después que le propusiéramos hablar sobre su vida y sus pericias en la ciudad. Como joven que es, piensa que el poco tiempo acá le ha dado muchas anécdotas que podría contar, pero que algunas son delicadas para “soltarlas” así no más. Solo atina a confesar que en una ocasión había creído encontrar el amor de su vida, pero sufrió una seria decepción.
“En esta ciudad la gente es muy liberal. La otra vez conocí un chico y me lo pidió. Le dije que no. Y me hizo bajar del carro en plena avenida 30 de agosto”.
Cuenta esto sonriendo y mientras mira el celular para ver si su mamá o alguien se conecta con ella.
Lo último que alcanzó a decirnos es que debía irse para Ecuador porque salió una “chamba” por esos lados. Dice que una prima la espera en Quito, donde empezará a vender ropa al menudeo o papas con cuero, que es la versión de la empanada colombiana, o lo que más se vende. Carol está triste porque debe dejar la “ciudad bonita” , esa de la que le hablaron mientras estaba en Maracaibo. “Así es a vida”afirma. Refiriéndose a que sin más opciones, debe escoger la propuesta del mejor postor.
Foto extraída de: Facebook.
En Pereira se hizo amigos, pero solo temporales. Personas, que enfatiza, se portaron como ángeles, pues con ellos pudo conocer algunos buenos restaurantes donde la invitaban a menudo, parques como Comfamiliar y Ukumarí. Además de recordar a su patria, al ir a comer arepa venezolana “con todo” a la avenida Circunvalar.
Carol se despide de esta ciudad, no sin antes tornarse optimista y hacer algo a modo de juego, es decir, pararse de espalda al Lago Uribe Uribe y lanzar una moneda hacia atrás pidiendo que su suerte cambie y pueda sacar a su familia de Venezuela, porque igual que a su país, los ama profundamente. Ellos, según dice, son “su patria donde quiera que vaya”.
Todos estos factores que menciono fueron considerados por nosotros a la hora de elegir el colegio para nuestros dos hijos
El momento de buscar colegio para que nuestros hijos estudien produce angustia en la familia, puesto que detrás de esta elección, los padres suponemos iniciar a lo que habrá de ser la vida propia de ellos, aquella que llevarán con independencia por un periodo de tiempo, y que a la postre los ayudará a consolidarse como seres individuales, con carácter, costumbres, y herramientas para enfrentar la existencia.
En el mundo contemporáneo, además, esta decisión está mediada por una serie de factores que incluyen el nivel académico de la institución a seleccionar, el tipo de educación que imparte (con énfasis que van desde lo científico hasta lo artístico), y la posibilidad de formarse en una segunda, o incluso, hasta una tercera lengua. Todos estos factores que menciono fueron considerados por nosotros a la hora de elegir el colegio para nuestros dos hijos.
Consultamos la experiencia de nuestros allegados, revisamos los rankings que suelen difundirse periódicamente en los medios de comunicación (en relación con el desempeño académico de los estudiantes de los diferentes colegios privados), y tuvimos en cuenta de manera muy especial un factor: la oportunidad que brinda el Liceo Francés de Pereira, como entidad adscrita y reconocida por el Ministerio de Educación Francés, de incluir a nuestros hijos en un sistema de pensamiento y formación con unos principios, que obedecen a una cultura que admiramos y que podría denominarse, aunque de manera seguramente limitada, como la cultura de la razón y los derechos del hombre.
Imagen extraída de: Pixabay.
En general, los franceses son herederos de la tradición de lo que se conoce como la ilustración. Este movimiento cultural, intelectual y filosófico, que dio origen entre otros acontecimientos a la Revolución Francesa, significa, en palabras de Immanuel Kant, en su libro “Qué es la Ilustración”:
“El abandono del hombre de una infancia mental de la que él mismo es culpable. Infancia es la incapacidad de usar la propia razón sin la guía de otra persona”.
Llegar a pensar por uno mismo, como propone el filósofo, es una tarea en la que puede empeñarse toda la vida sin llegar a lograrlo, puesto que exige una estructura de pensamiento documentado y crítico, es decir, requiere arriesgarse a pensar y a conocer. Esta tentativa implica una manera de relacionarse con el mundo que asuma la responsabilidad de tomar las riendas del destino individual.
Ese libre albedrío del que todos disponemos, como criterio para actuar en las condiciones concretas de nuestra existencia –las cuales están determinadas por factores externos e incontrolados-, se instala en nosotros desde la primera infancia, y en ello tanto el lenguaje como el tipo de educación que recibamos determinan la posibilidad de irse formando un criterio propio, y el poder apelar a un discernimiento que privilegie los conceptos, excluyendo en lo posible los prejuicios y las supersticiones, desterrando –o por lo menos limitando- de nuestras decisiones las tutorías de toda índole (religiones, consumismo, éxito social o económico, academicismo, entre otras).
Imagen extraída de: Pixabay.
En este sentido, la experiencia de la formación de los hijos en un colegio como este, parte de la base misma del idioma. Suelo contar una anécdota para ilustrar la diferencia en las reconstrucciones de mundo de cada lengua, y sus implicaciones en relación a la formación del propio criterio y la responsabilidad.
En español los niños tienen por costumbre decir, al momento de verse demandados por sus superiores, en relación con sus deberes escolares: “el cuaderno se quedó”. En el idioma francés no es posible para ellos traducir esa frase tan usual entre nosotros, porque la narración del mismo hecho implica la conjugación del sujeto en primera persona, es decir, los obliga a decir (pues no puede hacerse en este idioma de otra manera): “J’ai oublié le cahier” (“Yo olvidé el cuaderno”) o cualquier otra variante que lo sustituya. El mismo idioma los obliga a tomar la responsabilidad por el acto realizado, sin que sea posible delegarla en un sujeto indefinido.
Además de los aspectos mencionados al seleccionar esta institución, otro a resaltar dentro de las posibilidades que brinda el colegio es el contacto con profesores nativos franceses y con la cultura gala en diferentes aspectos: la música, la gastronomía, la literatura, etc. Adicional, es posible para los estudiantes de estos colegios realizar intercambios, cursando sus estudios en instituciones públicas o privadas de Francia, y en otros lugares del mundo en colegios que estén inscritos a la AEFE –Agencia para la enseñanza del francés en el extranjero-.
En conclusión, por la mentalidad que ayuda a formar el colegio en sus estudiantes, crítica y basada en el conocimiento; por la posibilidad de llegar a hablar con solvencia el francés y graduarse con competencias suficientes en inglés; por el contacto con nativos franceses que los inicia en una cultura que, incluso con sus defectos, es admirada y seguida en todo el mundo occidental; y por la oportunidad de vincularse a un sistema de educación robusto y con fuerte presencia en muchos lugares del mundo, entre otras muchas razones, es que somos unos padres convencidos y satisfechos de pertenecer a través de nuestros hijos a esta institución.
La Fête Nationale, o las fiesta nacionales en Francia
14 juillet 2018 : Le concert de Paris (Live Multi-caméra)
https://www.youtube.com/watch?v=b2NBMF_gtg4
La Fiesta de la Federación (en francés, Fête de la Fédération) es una celebración conmemorativa del primer aniversario de la toma de la Bastilla, acontecimiento que simboliza el inicio de la Revolución francesa. Se celebró, pues, el 14 de julio de 1790 en el Campo de Marte de la ciudad de París, la capital de Francia.
Se celebra cada 14 de julio por ley, desde 1880, como Día Nacional de Francia. Y hoy La Cebra que Habla lo celebra en todas sus luces con este Especial de fin de semana.
La ciudad no es tanto el conjunto de personas en general, como el individuo que la habita y la compone. Las costumbres, la tradiciones, la historia de Pereira, se realiza con cada una de las personas que hacen parte de ella, sea con sus palabras o sus hechos. Así es que de cuando en cuando surgen personajes que en su momento despertaron ese lado no racional, o no social de la urbe. Los llamados “Personajes del pueblo”. ¿quién no ha vivido en un lugar pequeño donde todos se conocen y para identificar a alguien lo llaman de una determinada manera o lo categorizan? El loco, el flaco, orejitas, la loca magdalena, sombrero loco, el manotas, etc. Apelativos de confianza o despectivos, como señas particulares de individuos con formas de vida nacidas de la marginación o la no inclusión.
Por eso es que La Cebra que Habla presenta este texto y esta galería donde se pretende resaltar los personajes populares de la Pereira antigua. Personajes que se quiera o no, son la memoria histórica que ningún ciudadano debe olvidar. ¿y por qué razón? porque cada uno de ellos (hombres, mujeres, niños, ancianos) contiene ese lado tierno, grotesco, pío, antisocial, benevolente de cada uno de los que tuvieron la oportunidad de tener trato o un encuentro fortuito con ellos en diferente tiempo y lugar de la urbe. El malestar cultural desaparece cuando se acepta esta realidad y cuando aparece el sentimiento humano hacia los otros. Cuando se entiende que cada persona es única e irrepetible en el mundo, y en Pereira, particularmente.
Sin más preámbulo presentamos esta selección fotográfica al azar de personajes típicos de Pereira. Obviamente faltan muchos más, pero la idea creativa de fondo es contrastar el Pereira de ayer con el de hoy, en referencia a los marginados, los pobres, los sin techo y los que fueron (y son) parte de nuestras calles, plazas y barrios. Bienvenidos y si desea compartir esta entrada en las redes sociales o donde sea, tiene el derecho de hacerlo, porque como se dice popularmente: “Quien olvida la historia está condenado a repetirla”. Puntualizamos, aclarando que los créditos de estas imágenes pertenecen al libro: “Pereira Viva” del autor Mario Montoya Agudelo. Tomo I. Fondo Editorial del Departamento Colombia.
Canción: “Muchachita Pereirana”. Escrito por el Maestro Luis Carlos Gonzalez y musicalizado por Fabio Ospina.
La Virginia estaba situada justo en un cruce de caminos de tierra, agua y hierro
Caminos de hierro y agua
A sus noventa años Aurelia Moreno evoca los días en que barcos de mediano calado recorrían las aguas del río Cauca llevando y trayendo mercancías en un surtido que iba desde las alpargatas de fique y los machetes para tumbar monte, hasta pianos alemanes que adornaban las mansiones de los nuevos ricos surgidos a la luz de un intercambio de bienes que incluían el transporte de café de exportación hasta el puerto de Buenaventura.
“Uno de esos hombres era don Francisco Jaramillo Ochoa, dueño de tierras por estos lados, aparte de importador y exportador. Era tanta su riqueza que hasta tuvo un puerto propio para recibir y despachar sus mercancías”,
dice Aurelia, diente de oro, tabaco ardiendo entre sus dedos índice y pulgar, la cabeza envuelta en un turbante rojo y amarillo que le da un aire de andar envuelta en llamas.
Durante dos terceras partes del siglo XX por este puerto se llegaba a Medellín y a la costa Atlántica. También a Buenaventura, con todo el dinamismo económico y social que eso implica. Por el Mar Caribe y el Océano Pacífico cruzaron los barcos que transportaban el café, la quina y los minerales, al tiempo que acarreaban los prodigios de la Revolución Industrial desde Liverpool, Hamburgo o Marsella. La Virginia estaba situada justo en un cruce de caminos de tierra, agua y hierro: mulas, automóviles, trenes y barcos pasaron por aquí dando lugar a un mestizaje en el que los acentos regionales, las músicas, las gastronomías y las prácticas religiosas daban lugar a una manera singular de ver el mundo.
Entre los portadores de ese legado estaban los padres de Aurelia, Sinforoso Moreno y Carlina Marín. Partieron desde Bolombolo, siguiendo la ribera del río Cauca allá por 1925, durante los años finales de la hegemonía conservadora. Sus únicos bienes eran un par de mulas, un perro y un puñado de semillas de maíz y frijol para plantar en algún recodo baldío donde pudieran armarse un rancho.
En estas tierras vino a nacer Aurelia, en un mayo lluvioso de 1928. Después llegó una docena de hijos que se llamaron Fabiola, Edelmira, Genoveva, Magdalena, Ruperto, Oriol, Gildardo, Rocío, Miguel, Bernardo, Agustín y Belarmino. Con el paso de los años, excepto Aurelia, todos se dispersaron por los pueblos de la cordillera o se adentraron en las selvas del Chocó en busca de minas de oro, siguiendo la ruta de Pueblo Rico.
Fotografía: Diego Val.
“Cuando mis padres llegaron encontraron familias de muchos lugares del país. De la costa, de Urabá, de Nariño, del Valle del Cauca, de los llanos y de los santanderes. Todos se sentían atraídos por un lugar en el que era fácil moverse y hacer negocios. Mi papá contaba que por esos días se cruzaron con los primeros comerciantes turcos, llegados a Colombia por el camino de Barranquilla y de Buenaventura, que iban de pueblo en pueblo vendiendo telas. La mayoría de ellos se quedaron en Pereira y Cartago, formando familias con mujeres nacidas en esos lugares”.
Para antes del tiempo
Pero ya estábamos en la segunda década del siglo XX. El de las revoluciones políticas, culturales y tecnológicas. Siglos atrás, por aquí se movían las tribus ansermas y Apías que una vez chocaron con los conquistadores que seguían el camino desde Santa Fe de Antioquia hacia las ardientes planicies del Valle del Cauca. A resultas de esa avanzada surgieron grandes haciendas que utilizaban esclavos como mano de obra fuerte y rendidora.
De esas haciendas escaparon hombres y mujeres, formando los primeros enclaves cimarrones de la zona. Dicen los cronistas que fueron ellos quienes les dieron nombres como Nigricia y Sopinga a estos territorios que después se llamaron La Bodega y La Virginia.
En esos anales se data a 1905 como el año del primer asentamiento con tintes de poblado. El ya mencionado Francisco Jaramillo Ochoa, acompañado de Pedro Martínez, Leandro Villa y Pioquino Rojas lideraron ese primer intento, que con el paso de los años daría lugar a barrios bautizados con nombres como La Playa, San Cayetano, Restrepo, Buenos Aires, Pedro Pablo Bello, Libertadores y Balsillas.
Por lo demás, muchos de esos barrios fueron fundados por personas que llegaron a trabajar en la construcción de la carretera que conduce a Medellín.
La misma carretera por la que se propagarían mitos como La mula de tres patas, El árbol del terror, El pez dorado, San Juan pescador, Un pez gigante, y La taconera, la mayoría de ellos surgidos en el fértil y tantas veces trágico diálogo de los colonizadores con el río.
Fotografía: Diego Val.
El pueblo y la ficción
Para Bernardo Arias Trujillo, Sopinga es el lugar donde la mañana ostenta “sus alas de colores en arcos luminosos”. En ese tono exaltado por la contemplación del paisaje está narrada su novela Risaralda, el más visitado instrumento de ficción cuando alguien quiere aproximarse a la esencia de lo que ha sido La Virginia, tanto en su aspecto mítico como su devenir histórico.
En esa encrucijada entre la historia y la ficción se entretejen las vidas de Pacha Durán, Francisco Jaramillo Ochoa, Juan Manuel Vallejo y Carmelita Durán, los protagonistas centrales de esta historia en la que, siguiendo acaso la ruta trazada por José Eustasio Rivera en La Vorágine, el paisaje deviene elemento central, escenario y detonante de las grandes decisiones individuales y colectivas.
Intereses económicos y grandes pasiones se despliegan en un territorio donde La Canchelo es a la vez metáfora de esta tierra feraz y arquetipo de las mujeres que en la segunda década del siglo XXI van por las calles calcinadas por un sol mordiente, mientras las nuevas formas de la violencia aguardan agazapadas a la vuelta de cualquier esquina.
Viejo farol que alumbraste mi pena
Desde estas mismas calles el ebanista Luis Ramírez creó para el mundo un cancionero capaz de narrar el desarraigo en muchos ritmos y en distintos idiomas. Anclado en La Virginia, donde hoy lo honran con una estatua erigida en el parque principal, El caballero Gaucho supo como nadie expresar el sentido profundo de la denominada Música de carrilera. En sus tonadas se recrea una épica de comerciantes ávidos y de hembras indómitas. De antiguos cimarrones y de colonizadores que dejaron sus tierras y partieron en busca de una aventura con nombre propio: La Virginia. Esa visión de hombres y mujeres en perpetuo tránsito le dio material para sintetizar en unos versos el estado de alma de los andariegos para quienes la vida toda es una carrilera:
“Por ti dejé tras de mí/inciertos pasos/ el cariñoso hogar donde viví/ dejé mi tierra y mi plantío/ y el viejo tambo donde nací/ dejé mi raza y mi bohío/ todo lo mío / por verte a ti”.
Fotografía: Diego Val.
Elpuente cuenta historias
Fue el 24 de julio de 1928, el año en que nació Aurelia Moreno, cuando se inauguró el puente Bernardo Arango, para unir los municipios de Pereira y La Virginia, sobre las aguas del río Cauca.
Desde entonces, esa estructura que hasta hace poco amenazaba ruina, ha atestiguado en silencio las transformaciones vividas por la región y el país. Para empezar, su cableado de acero se agitó con los primeros indicios de una violencia política gestada en los tiempos de la Guerra de los Mil días, acrecentada durante las pugnas entre liberales y conservadores, para reavivarse en los años ochentas con el reinado de los narcos que encandilaban a las mulatas, compraban los mejores predios y a amenazaban incluso con apoderarse de uno de los emblemas del más reciente dinamismo económico regional: el Ingenio Risaralda.
“Fueron esos los días en que ya no bajaban por sus aguas cardúmenes de peces sino de personas asesinadas”, dice en su casa de La Virginia el poeta, ensayista, cuentista y maestro Hernando López Yepes. El hombre tiene razones para saberlo: durante muchos años ha auscultado las pulsaciones secretas de su gente, al tiempo que el olfatea el cielo y escudriña las aguas del río en busca de una señal renovadora.
Asegura que, hasta ahora, todo ha sido en vano. La Virginia pertenece a la estirpe de los pueblos que aparecen en las novelas de Faulkner: estacionados en las orillas del tiempo y ahogados por un calor sin tregua, aguardan- igual que sus habitantes sentados en sillas de baqueta- que la más leve brisa sea el anuncio de una nueva forma de redención.
Aparte de conectar dos poblaciones, al agilizar el intercambio comercial, el puente Bernardo Arango facilitó el contacto con Medellín, uno de los centros de acopio para los negociantes de Pereira y de los municipios de lo que hoy son los departamentos de Risaralda, Caldas y Quindío. Esas circunstancias empezaron a consolidar a Pereira como el gran punto de operaciones comerciales, sentando las condiciones para que en la década del sesenta se crearan los mencionados departamentos.
Fotografía: Diego Val.
Atravesando esas puertas llegaron a La Virginia Olinda y Miguel, dos nigerianos que adoptaron esos nombres para hacerse pasar por chocoanos llegados desde lo más hondo se la selva, según ellos desplazados por una nueva avanzada de colonizadores paisas atraídos por el negocio de la madera y las minas de oro. Aurelia Moreno los recuerda bien.
“Eso fue por los días en que Fidel Castro llegó a gobernar a Cuba. Lo recuerdo porque al principio pensé que Olinda y Miguel venían huyendo de ese país. Las únicas palabras que pronunciaban era buenos días y gracias. Como eran los guapos pa trabajar la tierra les dimos albergue en una pequeña parcela que mis hermanos tenían en el camino hacia Belálcazar.
“Muy pronto descubrimos que eran grandes pescadores. Compramos anzuelos, sebos y atarrayas y los pusimos a trabajar en compañía: mitad y mitad de las ganancias. Trabajando como pescadores se hicieron a unos ahorros y un día nos dijeron que seguían hacia Ecuador, en busca de unos familiares que habían entrado por Brasil. Fue en ese momento cuando nos dijeron que eran nigerianos, pero yo todavía no alcanzo a ubicar bien ese país, aunque mis nietos, bisnietos y tataranietos me lo muestren en internet. Por eso prefiero seguir pensando que eran cubanos”,
sentencia Aurelia, diente de oro, tabaco ardiendo entre sus dedos índice y pulgar, la cabeza envuelta en un turbante rojo y amarillo que le da un aire de andar envuelta en llamas.
De tantas sangres
Usted se sienta a tomarse un café o un refresco en un lugar céntrico de La Virginia y ve pasar el país entero: Negros de Urabá expertos en sembrar y descuajar bananos. Baquianos de Granada, Meta, exiliados en estas tierras donde todavía añoran los cánticos ancestrales a la hora del encierro del ganado. Descendientes de las madamas que un día se instalaron con sus cantinas, seducidas por el dinero que por momentos parecía brotar de una fuente inagotable. Campesinos de La Celia, Balboa, Santuario, Apía y Belén, desterrados por la chusma y los “ Pájaros “ en los días turbulentos de la violencia liberal conservadora. Por eso se ven allá en lo alto los brazos abiertos del Cristo de Belálcazar, erigido por los feligreses del padre Antonio José Valencia en un intento por conjurar el horror.
Fotografía: Diego Val.
Una nueva corriente de peregrinos ha llegado a estas tierras ardientes. La de los obreros que participan en la construcción de las Autopistas 4G a lo largo de ciento cuarenta y seis kilómetros. En este caso las vías conectarán las localidades de La Virginia y La Pintada. Las mismas que una vez estuvieron unidas por las aguas del río Cauca y por las líneas del ferrocarril a partir de 1942.
Hace muchos años pasaron los días de gloria de empresas como La royal, Montoya y Trujillo y la Compañía Cafetera de Manizales, que se anticiparon en mucho a la apertura del Ingenio Risaralda en 1973, apenas seis años después de la creación del Departamento.
También están lejos los días en que la Hacienda Balsillas, propiedad de Roberto Marulanda, fungía como un próspero centro de negocios para inversionistas llegados de Pereira y Manizales.
En eso piensa Aurelia, masticando su tabaco y sorbiendo a tragos lentos un vaso de jugo de mandarina.
Ignora que a unas cuantas cuadras de su casa el poeta Hernando López Yepes se empeña, con paciencia de orfebre, en tejer versos como éstos:
“Mi lora ha muerto/y me he quedado solo/el mundo que me imponen/ clava en mí su lanza/un poco más arriba del costado.”
Pereira… posee grandes problemas sociales e institucionales que repercuten en el espacio público, no podemos supeditar el desarrollo urbano y el futuro de nuestras ciudades, basados en un conocimiento limitado.
Un paralogismo es un argumento o razonamiento erróneo que se plantea sin mala intención. A diferencia de un sofisma, que pretende engañar, así finja parecer un razonamiento correcto, el paralogismo se debe a un error o una distorsión de razonamiento. En mis 20 años de experiencia, en proyectos de espacio público en la ciudad, he tenido la oportunidad de escuchar una amplia gama de lo que he querido denominar “Paralogismos Urbanos”; razonamientos como los que expondré a continuación:
“Si se amplían los andenes se van a llenar de vendedores”; “Para qué poner bancas, para que duerman los locos?”; “Es mejor no hacer fuentes, para que no se bañen los gamines”; “Para qué hacer más parques si se van a llenar de marihuaneros”; “Para qué están haciendo ciclorutas si casi no se usan”; “Los parques crean inseguridad”; “A quién se le ocurrió quitarle dos carriles a la Avenida 30 de Agosto para meter el Megabus?. La mayor parte del tiempo están vacíos”.
Por mencionar algunos razonamientos que infortunadamente se han vuelto populares.
Foto: La Cebra que Habla.
Si bien no se puede ocultar que Pereira, y Colombia en general, posee grandes problemas sociales e institucionales que repercuten en el espacio público, no podemos supeditar el desarrollo urbano y el futuro de nuestras ciudades, basados en un conocimiento limitado, una percepción inmediatista y una visión retrospectiva. Muchas ciudades del mundo están evolucionando, o tienen la intención de evolucionar, hacia un cambio de paradigma. Se ha tomado consciencia, por ejemplo, que las ciudades no pueden ser diseñadas en función de los vehículos particulares.
Cada vez recupera mayor protagonismo el peatón como el usuario natural y prioritario de la ciudad, que merece el mayor respeto. Así mismo cobran más importancia los sistemas de movilidad alternativos, de bajo impacto ambiental, como las bicicletas y el transporte público. Es necesario cambiar el chip, como se dice coloquialmente. Para empezar, es pertinente separar las ideas. Las fuentes, las bancas, los andenes, las ciclorutas o los propios parques, no representan un problema en sí mismos, a menos que tengan desaciertos de diseño. Estos elementos hacen parte esencial del espacio público; están diseñados para mejorar la calidad de vida de nuestras ciudades, la vida pública, esa que se desarrolla de puertas para afuera de nuestros hogares y conjuntos cerrados; la que es accesible y gratuita para todos los ciudadanos, hasta los más desposeídos.
Hay dos aspectos, complementarios al espacio público como infraestructura física, que se deben considerar: Administración y Apropiación. Respecto a la Administración, que incluye el control, es evidente la dificultad de la Alcaldía, como ente administrador, para regular todas las situaciones que se presentan en el espacio público. Temas como los vendedores informales, el estacionamiento no autorizado, la invasión de los andenes, la inseguridad o la falta de mantenimiento, hacen parte del desgaste diario de todos los ciudadanos, que crea un gran desprestigio del espacio público y una constante crítica a su regulación.
Foto: La Cebra que Habla.
Por otra parte está la Apropiación, que es esa voluntad, o si se prefiere conciencia, de los ciudadanos para usar de manera frecuente y educada el espacio público. En este sentido aparecen otras problemáticas como el vandalismo, el robo de elementos de mobiliario urbano o el desinterés en el espacio público producto del sedentarismo. Es importante entender que estos dos conceptos, Administración y Apropiación, están estrechamente ligados. Si un parque está diseñado de forma adecuada, es funcional y atractivo, se esperaría que sea utilizado y aprovechado con mucha frecuencia; esto generaría una fuerte presencia de ciudadanía en él, que de manera inmediata garantizaría una parte de la seguridad.
Un delincuente o un vándalo, no podrá actuar con libertad en un espacio que tenga una fuerte apropiación. Se genera un control social. Si bien esto es deseable e ideal, no exime a la Alcaldía de ejercer sus funciones de control y vigilancia. Bajo estas premisas es importante comprender que el éxito del espacio público termina siendo una acción conjunta: diseño adecuado y administración eficiente, por parte del Municipio, y, no menos importante, apropiación por parte de la comunidad. Cuando se logre esta simbiosis entre Estado y ciudadanía, el resultado será altamente positivo y sobre todo sostenible.
Empecemos a cambiar estos Paralogismos Urbanos por razonamientos más constructivos y optimistas, asumiendo nuestra cuota de responsabilidad como usuarios del espacio público y gestores del futuro de nuestras ciudades.